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No, no es poco, es mucho.
Un partido comunista no puede fallar cuando lleguen los problemas, cuando todo se ponga en tensión. Un partido que, precisamente cuando se exigen respuestas por parte de la realidad objetiva, es cuando salta en pedazos, no es nu partido que sirva para nada.
Por otra parte, es imposible organizar a la clase revolucionaria, ni a su vanguardia, si no es basándose en un fubncionamiento democrático. Quien no tiene el poder político, carece de medios de coacción para obligar a que los demás sigan sus órdenes. Por mucho que sea un trabajo muchísimo más arduo y complejo, la única manera de organizar a la vanguardia, y al conjunto de la clase, es basándose en la democracia como norma de funcionamiento. Todas las revoluciones, a lo largo de la historia, han sido así, no es nada nuevo, y es difícil entender cómo podrían ser las cosas de otra manera. De otra manera, lo único que se puede conseguir es un pequeño grupito de adeptos que sigan a los líderes y completamente aislados de la clase, mientras que la clase sigue por su cuenta, desorganizada y sin llegar a nada.
Por supuesto, la democracia supone la toma real de decisiones y su puesta en práctica, por mayoría, y de modo que lo que decide la mayoría es lo que se hace. Nada que ver con el todo vale burgués, con el cada uno que haga lo que quiera. Y con esto, la democracia es la base y fundamento del centralismo.
Saludos, Gonzalo Pérez
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