Rafael Raya     Fecha  28/06/2007 21:37 
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Volver al foro Responder El esterero de Calatrava convertido por la picaresca sevillana en un falso Califa residente en el Reino Taifa de Sevilla   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Tras la pérdida de Sevilla de la primera capitalidad que tuvo Al Andalus y el definitivo establecimiento en Córdoba de esa capitalidad, los primeros años del emirato independiente creado por el príncipe omeya Abderraman , con la consiguiente formación de núcleos organizados de resistencia cristiana en el norte de España y el posterior advenimiento en el año 929 del Califato cordobés, nuestra ciudad, llamada entonces Ishbiliya, conservó su prestigio como urbe comercial y cultural dentro del mundo cristiano y musulmán peninsular e incluso llegó a tener una monarquía propia, fundada por Ibn Hachchach, que finalmente se rindió ante el poderoso empuje político y militar del primer califa del mundo occidental que conocemos como Abderraman III, quien llevó a la cumbre la obra iniciada por su antecesor del mismo nombre, tras convertirse Córdoba, con él y sus sucesores, en la ciudad más poblada de Occidente, compitiendo en importancia con ciudades orientales como Constantinopla, Bagdad o Damasco. Sin embargo Sevilla no volvería a tener una entidad política propia hasta que una vez pasada la vorágine que supuso el poderío del caudillo musulmán Almanzor y la desaparición de Hixen II, último califa cordobés, el año 1013. Esta desaparición se produjo en medio de un saqueo a que fue sometida Córdoba, pero nadie pudo dar definitivamente por muerto a Hixem II y dada la importancia que tenía entre los musulmanes la figura de su Califa, durante mucho tiempo los almuédanos siguieron invocando desde los alminares su nombre, que era todavía un recuerdo de épocas de paz y de gloria. Por tanto entre la población se produjo un gran vacío, que en el orden político establecido tuvo como consecuencias por un lado la división del territorio califal en zonas más o menos extensas, en las cuales se establecieron gobiernos liderados por poderosos personajes locales, dando así lugar a los llamados Reinos de Taifas, y por otro lado la necesidad de cubrir la ausencia de un califa que no sabían dónde se encontraba o si había resultado muerto. Tales circunstancias tuvieron una peculiar repercusión en Sevilla, porque en ella se formó un poder local que, tras diversas peripecias, llegaron a encabezar tres personajes sevillanos llamados Mamad Ben´Abbad, Allah al-Zubaldi y llah Ben Maryan, los cuales formaron un triunvirato para gobernar la ciudad y el territorio perteneciente de su Cora , donde se asentaría el que llegó a ser poderoso Reino Taifa de Sevilla, Según cuenta el cronista árabe Ib Idari, estos tres dirigentes “Durante el día daban en el alcázar sus decretos y redactaban decisiones que sellaban con sus tres sellos. Al fin del día los tres iban a sus casas a ocuparse de sus asuntos”. Este triunvirato terminó como han terminado muchos triunviratos históricos, pues el primero de esos personajes, Mamad Ben´Amad, acabó imponiéndose a los demás triunviros, los marginó y, deseando afianzar su poder, se inventó un truco que le funcionó muy bien y que nos da idea de cómo la picaresca sevillana, presente en muchas obras cumbres de nuestra literatura, viene de muy lejos y aún late entre nosotros. Ese truco consistió en encontrar a un hombre llamado Jalaf, natural de la ciudad de Calatrava y de oficio esterero, cuyas facciones eran muy parecidas a las del desaparecido califa cordobés Hixem II. Dicho dirigente sevillano, aprovechándose de la nostalgia que la población de Al Andalus sentía hacia quien había sido su máximo dirigente político y religioso, reconoció como Califa al estetero de Calatrava, hizo valer que era en Sevilla donde vivía y consiguió que muchos musulmanes creyeran haber llenado el vacío religioso y político que tenían, con lo cual la influencia del Reino de Sevilla se hizo notar entre los demás reinos Taifas peninsulares, logrando incluso ampliar sus fronteras e implantándose en cierta forma como heredero político y religioso de las glorias del Califato cordobés, una vez que en la ciudad de Córdoba se abolió la monarquía fundada por los Omeyas al instaurarse una republica en el año 1031. Todo ello nos hace pensar en cómo algunos mandatarios se valen de cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder, pues con la utilización de aquel falso Califa los políticos sevillanos de la época no sólo jugaron con los intereses del pueblo sino también con sus sentimientos religiosos y podemos imaginarnos al esterero calatraveño vestido con las ropas califales, sentado en su trono en nuestro alcázar y haciéndose pasar por quien no era, aunque para evitar sorpresas muy pocos tenían permitido verle de cerca. En cualquier caso, con califa falso o no, el Reino Taifa de Sevilla fue progresando considerablemente y alcanzaría un gran esplendor cuando en el año 1069 paso a regirlo un príncipe y poeta llamado Al Mutamid, cuyo recuerdo aún perdura entre nosotros, pues por su condición bisexual amó a hombres y mujeres, y consiguió anexionarse otros reinos taifas hasta convertirse prácticamente en el dueño de Andalucía occidental. De este singular personaje hablaremos ampliamente en el próximo artículo de esta serie, pero para ir abriendo boca sobre las peripecias vividas por Al Mutamid, bien valen los versos que le dedicó su intimo amigo y amante Ibnm Amar, quien durante diez años fue además su primer ministro, al verse desplazado de su corazón y de su cama.
“¿Recuerdas los días de nuestra juventud
cuándo brillabas como luna creciente?
te abrazaba la cintura tierna
bebía de la boca, agua clara.
Yo me contentaba con lo permitido,
pero tu querías aquello que no es.
Expondré a la vergüenza tu honor,
descubriré aquello que ocultas;
¡Oh gloria de la caballería!
Defendiste a las aldeas
pero violaste a las personas”.
Para nada debe extrañarnos las tendencias sexuales de Al Mutamid, ya que en la Sevilla musulmana, como en el resto de Al Andalus, se practicaba, como ocurre hoy en día y ha ocurrido en todas las épocas, la sexualidad en todas sus vertientes, pues de no haber sido así el mundo sería otro y la vida posiblemente quizás sería muy aburrida al no tener lo bueno y también lo malo que genera todo cuanto se relaciona con el sexo, y los musulmanes españoles no iban a ser una excepción al tener las mismas cosas que hoy afortunadamente los hombres y mujeres, unos en plena forma y otros no tanto, seguimos teniendo entre las piernas.

Rafael Raya Rasero.

Sevilla, Noviembre 2003


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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