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"UNA FURTIVA LÁGRIMA DE AMOR" EN MANCHAY Juan Diego Flores y la educación musical
Por: Luis Arista Montoya. Exdirector del INC
En este artículo no me referiré a la bella canción "Una furtiva lágrima de amor", romanza creada por Gaetano Donizetti en 1832, que es interpretada magistralmente por nuestro compatriota Juan Diego Flórez, tenor de voz tornasolada. Solo tomo prestado el título.
Leamos. En tiempo de las culturas preínca e inca, el territorio de las aldeas de las poblaciones étnicas de Ychma y Lati (ahora distrito de Ate–Vitarte) se extendía desde Puruchuco hasta la rinconada de Manchay en Pachacámac.
Durante el Virreinato fue despoblado por órdenes de Toledo a fin de extender el Cercado de Lima.
En la época del terrorismo, la rinconada de Manchay fue invadida por las huestes urbanas de Sendero Luminoso, constituyendo cotos cerrados conocidos como "zonas rojas".
Desde inicios de la pacificación (1992) la Iglesia católica sentó allí su ayuda humanitaria a favor del desarrollo educativo, alimentario y de infraestructura urbana, a fin de combatir la pobreza extrema y limpiar el distrito de delincuentes y terroristas.
Llegada la democracia se convirtió en lugar emblemático para el desarrollo de debates sobre política municipal de inclusión ciudadana. Allí se produjo, por ejemplo, el debate entre Alberto Andrade y Luis Castañeda Losio, como una muestra de compromiso a favor de los más pobres.
Gran parte del rodaje de la película La teta asustada de Claudia Llosa se desarrolló allí, incluso los propios pobladores (adultos y niños) participaron como actores.
Poco a poco la rinconada de Manchay está dejando de ser una población arrinconada a manera gueto de pobreza y marginación. Allí vive mucha gente quechuahablante bajada de los Andes, y cuyos hijos y nietos ya son limeños aculturados, pero afincados en un territorio que tiene una identidad cultural fuerte que viene desde el antiguo Perú.
Cuando se filmó y luego se exhibió La teta asustada en la plaza pública de Manchay ante todos los pobladores, se vio a un pueblo recuperando su autoestima, aplaudiendo a rabiar, acción que desmitificó el viejo prejuicio de que la gente pobre no comprende ni goza el arte.
Hace unos días llegó a este escenario promisorio, por vez primera, el joven tenor peruano Juan Diego Flórez, quien no solo pisa hermosas y mullidas alfombras en grandes teatros de ópera del mundo, sino también pasea por escarpados cerros y arenales manchándose los zapatos como cualquier hijo de buen vecino.
Después de ver el video de su visita, escribo esta nota, al mismo tiempo que escudriño la fotografía donde aparece el artista rodeado por más de una veintena de sonrientes niños y niñas (amantes de la buena música y del canto) que frisan seguramente los seis años de edad, ingresados o a puertas de ingresar en el nivel educativo de la primaria.
Allí el maestro del bel canto habló, encantó y cantó a capela "La flor de la canela". El respetable deliró y vivó a todo corazón y pulmón. Juan Diego se emocionó por esa acogida auténticamente popular.
Dicen que una "furtiva lágrima de amor" brilló en sus ojos. Declaró estar muy emocionado, casi hasta las lágrimas, por haber llegado a Manchay. "Ahora nosotros con la música daremos nuestro aporte para mejorar a este pueblo maravilloso", precisó.
Llegó allí para firmar un convenio para el funcionamiento de un módulo del Núcleo de Sinfonía del Perú que fue creado por él tras la visita que hizo anteriormente a Venezuela, donde vio de cerca cómo la música transformaba a los jóvenes en ciudadanos de bien, en agentes de paz. Desde entonces, personalmente, asumió la creación de instituciones similares en nuestro país.
Con el descubrimiento de niños talentosos y la educación a favor de oyentes cultos, lo que pretende nuestro tenor es reforzar una educación para el arte y una educación por el arte. Considera que la música y el bel canto tienen que trascender las paredes de las salas de conciertos y de conservatorios, que se han convertido en "museos musicales" frecuentados solo por las élites. Tratando de comulgar la música académica con la popular.
La industria comercial de la música chillona a través de la televisión, los discos y las radios viene colonizando diariamente el oído y el gusto de niños, jóvenes y adultos. A manera de citoplasma o gran marea rodea peligrosamente arrinconando a la música bella, inclusive banalizándola a través de letras y tonadas ramplonas y pegajosas. Y eso es lo que vienen escuchando y bailando los niños.
Inclusive "la sacrosanta música tradicional se ha convertido, por el carácter de su ejecución y por la vida misma de los oyentes, en algo idéntico de la producción comercial en masa y ni siquiera su sustancia queda sin contaminar". (Theodor Adorno, 1958)Se trata de promocionar una educación estética del futuro ciudadano, de formar su sensibilidad, su moral y vida afectuosa. Esto lo deben tener muy presente profesores, padres de familia y comunicadores sociales. Sensibilidad que se forma desde el vientre de la madre y a partir de canciones de cuna, base de la "inteligencia musical", según la teoría psicológica de las inteligencias múltiples del ser humano (Howard Gardne2, 1987).
En los patios de los colegios a la hora del recreo en lugar de poner música de fonda, se tiene que poner música de fondo, formativa; igualmente en los grandes centros comerciales que nos inundan con tonadas estentóreas; en el aula escuchar música culta acompañada de anécdotas de compositores, músicos e intérpretes. No se trata de imponer, sino de proponer.
La filosofía de la función social de la nueva música que viene difundiendo y construyendo Juan Diego Flórez se sintetiza en lo que dijo en Manchay: "La música es una herramienta poderosísima de transformación social y eso se define como inclusión social porque un niño pobre que coge un instrumento y que toca en una orquesta no es más un niño pobre, es un niño con esperanza, con una sonrisa en la cara". Gracias. Y ¡ Música Maestro!
Imagen:
http://www.rpp.com.pe/canto-y-encanto-juan-diego-florez-visito-manchay-imagen-noticia-1-n-/picnewsa/800799.jpg
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