Paso     Fecha  31/07/2005 23:51 
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PANERAI RADIOMIR: PAM 183












INTRODUCCIÓN:

Dice el refrán que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, pues bien, de entre los hombres, cabe afirmar que es el afectado por la CRI, el “único capaz de hacerlo queriéndolo” ;-D

En efecto, cuando me desprendí de mi PAM 111, me prometí a mí mismo que, antes o depues, volvería al “lado oscuro” de la mano de un Radiomir modelo éste más plano –que no más pequeño- que aquél y que, aún con una primigenia concepción como reloj destinado a los buceadores de la marina italiana, se me antoja más llevable, “pluriocasional” y elegante. Así que, ni corto ni perezoso, y animado por las panerísticas fiebres que afloran con insistencia a través del foro, contagiando y eliminando las defensas mejor dotadas, finalmente el virus latente del que era portador ha caído, cual caldo de cultivo, en terreno perfectamente abonado para ello.

Así, para seguir la consigna que marca dicho virus, trataré de escribir unas líneas sobre el reloj en cuestión y cumplir con el proselitismo hacia el que me empuja ese virus procedente del “lado oscuro” y, para empezar, nada mejor que unas notas biográficas:

Panerai (G. Panerai & Figlio) ubicada en Florencia (Italia), producía desde finales de 1860 instrumentos de precisión para la Marina Real Italiana. A partir de 1938 y bajo pedido de ésta, se inicia en el, por todos nosotros compartido, mundo de la relojería, concibiendo y suministrando a la marina italiana relojes de buena factura y no menos buena lectura y resistencia al medio acuático. No en vano, es Rolex quien se encarga de producir las cajas y movimientos que han de constituir la base del primer Radiomir de 1938. Unos pocos años más tarde Panerai construirá los Luminor con sensibles mejoras en todos los aspectos mencionados, y que en 1993 la firma relanzará creando, no sólo una nueva dimensión, en cuanto a tamaño se refiere, sino incluso una escuela de incondicionales a dicho diseño, claramente caracterizado por su robustez, sumergibilidad (300 metros) y un singular sistema en forma de puente, para asegurar la hermeticidad de su generosa corona, amén de una legibilidad asombrosa y derivada, no sólo de su material luminiscente, sino también de la práctica simplicidad de su diseño.



No obstante ello, es mi interés centrarme más en el Radiomir como realidad de la primera incursión de Panerai en la fabricación de relojes de pulsera. Con una caja en forma de almoadilla y perfiles en forma de huso, además de una corona y fondo atornillados cubría, de entrada, las exigencias de quienes reclamaron de un reloj de confiabilidad de grado militar y cualidades hidrófugas. La escasa producción de tales relojes, unida a su castigada biografía, ha convertido a dichas piezas en rarezas de precios desorbitados.



En 1998 Panerai realiza una reedición de dicho modelo, en cantidad de 60 ejemplares, que reinicia el mito entre las comunidades de aficionados, aunque va a ser el ulterior modelo Luminor el que, por sus indiscutibles cualidades, va a colmar las apetencias del mercado.

En la actualidad, detecto un interés de Panerai por suscitar un legítimo (y mercantil) reclamo hacia el Radiomir, hasta hace no mucho relegado a un tamaño ( 40 o 42 milímetros) poco acorde con el de su original. Las series “G” (2004) y “H” (2005), sin llegar a históricas dimensiones cifradas en hasta 47 milímetros, se ocupan de procurar el hermosísimo Black Seal (sello negro), de 45 milímetros de diámetro, con referencia PAM 183 (con pequeño segundero a las “9”) y PAM 210 (sin segundero: el más fiel a sus orígenes).





LA CAJA:



La caja, de acero “AISI 316L”, está compuesta de tres partes: bisel, caja propiamente dicha y fondo atornillado y provisto de cristal de zafiro. Su forma, respeta estrictamente los contornos del original diseño de 1938, como ya he comentado, con fondo y corona atornillados. Sí, ya sé, una corona roscada en un reloj de cuerda manual, no tiene mucho sentido pero, las exigencias técnicas y de confiabilidad se imponen a las meramente prácticas, lo que Panerai ha respetado con una fidelidad histórica encomiable, asegurando así al reloj una sumergibilidad de 100 metros. En cualquier caso me desinhibiré un poquito, atreviéndome a afirmar que, para mí, las formas de esta caja son casi “eróticas”: la más bella forma, por mí conocida, de “cuadrar un círculo” en tres dimensiones.





LA ESFERA:



La esfera, tipo “sándwich”, se compone, en realidad de dos esferas superpuestas: una de material luminiscente y, la otra, con los índices recortados, de modo que dejan ver, entre sus contornos, dicho material, dotándola de una tridimensionalidad enamoradiza y de una legibilidad muy “entretenida”, según sea el ángulo de visión desde el que se consulta la hora; todo ello bajo un cristal de zafiro abombado. La solución tipo“sándwich”, aunque data ya de los orígenes del reloj, no fue la primera en ser utilizada ya que, tal modificación, se produjo a raíz de las quejas de legibilidad patentizadas por los primeros buceadores que lo usaron. Para obviar dicha dificultad, Panerai elaboró una esfera (que serviría de base a la que tiene los índices recortados) con diversos compuestos químicos, a fin de que tuviera virtudes luminiscentes que mejoraran la legibilidad, entre ellos el radio, de ahí el nombre del reloj.







Las manecillas son de color negro mate (al igual que la esfera) pero, dotadas de luminova, lo que les otorga una excelente legibilidad bajo cualquier condición de luz. La correspondiente a la segundera, situada a las “9”, en forma que se me antoja como de de “torpedo” y de un tamaño, junto a los contornos de la subesfera en la que gira, de las mismas dimensiones que las correspondientes al índice de las “3”, lo que dota al conjunto de un tremendo y encomiable equilibrio.



La corona, de dimensiones generosas y forma cónica, resulta perfectamente acomodada a lo que es un reloj de cuerda manual; va firmada y provista, por tanto, del correspondiente logo de la marca. Su agarre es excelente y dar cuerda al reloj constituye todo un placer táctil y sonoro.



Respecto a los denominados “toalleros” o ejes de acero macizo, si bien originariamente estaban soldados al cuerpo de la caja, ahora vienen debidamente atornillados a la misma, si bien conservando su diseño original, con la práctica posibilidad de ser desatornillados y separados (en dos partes) de aquélla, a fin de permitir la colocación de correas “convencionales” (eso sí, de una anchura de ¡26 x 22 milímetros!). Ahora bien, me encuentro en condiciones de afirmar que dichas finas barras de acero macizo, son más resistentes que el más robusto de los pasadores convencionales (huecos) a la hora de sujetar la correa a la caja.





EL CALIBRE:

Aquí, a falta de una buena y definitiva fotografía, me prodigaré con varias de ellas, a fin de tratar de transmitir las distintas sensaciones que puede llegar a proporcionar la visión del calibre a través del fondo provisto de cristal de zafiro, bajo distintas iluminaciones.





Todo este conjunto de virtudes que integra el reloj, está animado por un “viejo calibre” (Unitas 6497, en tiempos utilizado para proveer a relojes de bolsillo) oportunamente modificado (puentes, adornos y reserva de marcha), para así ser rebautizado bajo la denominación de “Opus XI”, calibre éste con el que Panerai provee a sus modelos denominados “históricos”. Las series “G” llevan los puentes decorados con los insistentes grabados “Officine Panerai”, mientras que la más última versión de los 183 y los 210, vienen decorados con un acabado tipo “Côtes de Geneve”. En cualquier caso, se trata de un mecanismo de cuerda manual, con regulación fina tipo “cuello de cisne”, volante Glucydur, 17 rubís, 21.600 alternancias/hora, con una reserva de marcha cifrada en 56 horas y con cerificado COSC, perfectamente documentado.







Como se puede observar, “nada nuevo bajo el sol”, pero indudablemente bello y atractivo a raudales. Se me hace todavía prematuro hablar de los parámetros relativos a su precisión y exactitud, ya que todavía no ha hecho su rodaje, pero sí que he observado una horquilla de entre -4/+4 segundos/día, en función de sus dos posiciones más extremas, según el certificado COSC que lo acompaña (plano y con la esfera hacia arriba y vertical con el índice de las “3” hacia arriba, respectivamente), lo cual quiere decir que, respetando a partes iguales dichas posiciones, la variación teórica sería la de “0” segundos/día.



LA CORREA:



En este caso, y a diferencia de los PAM Luminor, (con destornillador y correa de caucho, además de la correa de piel) vienen únicamente provistos de una correa de piel de becerro, de color marrón claro, algo más fina (y menos rígida), aunque más ancha, que aquéllos (26 x 22 milímetros, frente a 24 x 18 milímetros), eso sí, de inmejorable calidad. Lo que sí que merece la pena destacar es su más que generosa hebilla tipo ardillón basada en la estética propia de los primeros años en que el Radiomir vio la luz por primera vez…



Opino que si hubiera sido un poquito más estrecha, hubiera seguido manteniendo una buena proporción respecto de la caja.



CONCLUSIÓN:

En fin, un reloj indudablemente singular, y hasta diría que exageradamente grande, si no fuera por los “patrones” entre los que nos desenvolvemos hoy en día (y en 1938, respecto de determinados usos). Desde luego, hermoso, de cómoda lectura y excelente factura, lo que le sirve de inmejorable carta de presentación para introducirse en ese “micro-macro” universo de Panerai donde los Luminor se han convertido casi en el “Sub” de los Rolex.

Con un grosor claramente inferior al Luminor y una estética mucho más “civilizada”, clásica y, aún elegante, a mi juicio, que éste, pienso que sus virtudes en cuanto a “portabilidad” se refiere, son superiores.

Casi en capítulo aparte, merecería mencionar la presentación del reloj: de las mejores que ofrece actualmente el mercado a este nivel. Se sirve en una lujosa caja/joyero acabada en madera de peral, además de un paño destinado a su limpieza, las correspondientes instrucciones de uso en varios idiomas, librillo y tarjeta de garantía y, por supuesto, el correspondiente y completo certificado COSC, en el que se especifican las pertinentes pruebas de marcha del reloj durante los quince días de rigor, a diferentes temperaturas y en distintas posiciones.



De todos modos…, ya os contaré cuando llegue el invierno y: *de repente, las mangas de la camisa ya no terminen ni en el antebrazo, ni en el brazo, sino que cubran al PAM hasta la muñeca, y éste, privado de su natural tendencia exhibicionista proteste como sólo él sabe hacerlo: incomodándome hasta la saciedad pues, de repente, se hará más grande de lo que ya era, e insultará mi tradicional concepto de lo que para mí representa la natural comodidad de llevanza que todo reloj debe respetar, aún siendo un PAM .





*(De mi review sobre el Seiko Orange Monster).

¡Saludos!

Paso
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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