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ROLEX DAYTONA: EL CRONÓGRAFO
Hablar del Daytona Cosmograph supone necesariamente referirse a toda una saga de relojes de casi inmejorables connotaciones tanto en lo externo como en lo interno, tanto en cuanto a estética como a técnica se refiere y, la verdad es que, cuanto más se alarga la mirada retrospectiva de estos modelos, más pureza de líneas y rasgos originarios se obtienen como caracterizadores de una personalidad propia que transgrede las mutaciones que indefectiblemente el transcurso del tiempo y de las modas inflinge a los relojes y, cómo no, a nosotros mismos.
 Rolex Daytona. Una saga con carácter
No en vano, uno de los modelos que con mayor ímpetu me han seducido dentro de la variada saga de los Daytona Cosmograph ha sido este:
 Para mí, el Daytona por excelencia
Ahora bien, la búsqueda de un modelo así requiere de indudables dosis de paciencia –léase años-, así como de una predisposición mental y económica de suficiente envergadura como para acometer la adquisición de tamaño bellezón.
Como mi bolsillo no es especialmente elástico, sino que tiene un tamaño muy concreto con el que hacer frente –como todos- a múltiples necesidades y, además, la paciencia, en los términos expuestos, no es precisamente la mayor de mis escasas virtudes acabé, aunque gozoso, resignado a disfrutar de la esencia de dichas líneas a través de este excelente Omega Speedmaster 35 aniversario, cuya originalidad de diseño, en cuanto estética se refiere, no pienso discutir, pero que realmente cubre más que satisfactoriamente mis apetencias, sobre todo tras evaluar sensatamente los insuperables –para mí- obstáculos que me alejaban de la adquisición del correlativo modelo de Rolex.
 Omega Speedmaster 35 Th: todo un acierto
No obstante, y dejando de lado el modelo en cuestión, la verdad es que hace quince o veinte años, hubiera dado casi cualquier cosa por hacerme con un Rolex Daytona Cosmograph. Tres eran/son los requisitos básicos para hacerse con uno de ellos: tener una economía más o menos saneada, buenas dosis de paciencia y cómo no, gozar de los favores de tu proveedor de relojes. Aún así, nada garantizaba que, al cabo de uno o dos años pudieras llegar a lucirlo en la muñeca.
Así las cosas y como se me hacía difícil conjugar los tres factores a la vez, decidí ¿definitivamente? quitármelo de la cabeza y sobrevivir sin necesidad de él, cosa que he conseguido con inusitado éxito, hasta hace unos pocos días…
Rolex Daytona Cosmograph Black
 Rolex Daytona Cosmograph Black: el reloj
Efectivamente, y por uno de aquellos vericuetos por los que discurre el destino de la afición, he aquí que me encontré con la posibilidad de adquirir un Daytona, completamente nuevo y por estrenar. Para ser sincero y a fin de aclarar algo la situación, explicaré que todo tuvo su origen en el buen propósito de sacrificar algunos de mis relojes para reunir cierto cash con el que hacer frente a la adquisición de un Patek Philippe Calatrava. No voy ni mucho menos a criticar a una marca de tan ilustre nombre y de la que además soy un modesto y ferviente admirador pero lo cierto es que, determinado y puntual problema de funcionamiento por mí detectado en dicho reloj, me transmitió cierta sensación de vértigo que me impidió cerrar la operación con un PP. Lo intenté de nuevo, pero esta vez con un IWC Portugués 5001 Pellaton que tampoco superó con éxito mi riguroso e intransigente examen. Determinados defectos, a los que prefiero no aludir para no herir susceptibilidades, observados en, por lo menos, dos ejemplares que tuve la ocasión de examinar concienzudamente, me desaconsejaron quedarme con él (confieso que soy único para estas desgracias).
Y, de repente y ante mis narices, se me brinda la posibilidad de reencontrarme con mi amor perdido… un Daytona … ¡que dilema!, sobre todo teniendo en cuenta que ya lo había repudiado con gran esfuerzo y desde lo más íntimo. Un paciente candidato en lista de espera que prefirió quedarse con uno de acero y oro, y la sucesión de las irregularidades descritas, hicieron posible un sueño casi olvidado por completo.
Confieso que, en un principio tuve mis dudas, pero los buenos consejos del inquebrantable rolexiano y no menos amigo y forero Augusto, profundo conocedor de la marca y del reloj en cuestión, terminaron por disipar esas pequeñas dudas que mi psique construía para justificarse ante la adquisición de algo que entendía anímicamente superado (que si pesa más de lo que estoy acostumbrado…, que si no me resulta cómodo…, que si no es muy legible…, que si se rayará con facilidad…, que si no lleva calendario…, que si…¡yo que sé!... pues, al final, todo resultaron ser mentiras veniales con las que trataba de engañarme para resistir a algo que supera con creces las excusas más ingeniosas que se le puedan oponer). Así, que me lo quedé ;-)))
Trataré a continuación de hacer una somera descripción de las características más destacadas y cualidades que el reloj presenta desde mi modesto punto de vista y breve experiencia con él, sin ánimo de acometer un análisis medianamente profundo sobre el mismo, puesto que poco puede decirse del Daytona que no se haya dicho ya y con plumas mucho más autorizadas y entendidas en la materia que la mía.
LA ESFERA:
 Una esfera con una disposición y simetría ejemplares
Sin lugar a dudas, el primer aspecto de un reloj en el que los aficionados (y los no aficionados también) fijamos nuestra mirada al verlo por primera vez (o más). Se trata de la muy clásica y elegante configuración tricompax en la que, indudablemente, resalta cada uno de las subesferas correspondientes a los contadores parciales (treinta minutos y doce horas, respectivamente) y a la segundera –situada alas “seis”-, y que se configuran con círculos plateados que contienen sus correspondientes índices, en escala adecuada al parámetro a medir en cada uno de ellos. Dichos índices, fuera de las condiciones de luz externa y diurna, presentan un legibilidad un tanto dificultosa debido a su escaso tamaño y contraste (no olvidemos que el fondo es plateado) y, sobre todo, a mi cada vez más cansada vista.
Las diferentes manecillas, bañadas en oro blanco son, como ocurre en casi todos los relojes con la esfera lacada en negro, capaces de hacerse invisibles o de resaltar profundamente, en función del ángulo con que se observan y de la luz que, en consecuencia, incide en ellas. Mucho más regular resulta la legibilidad de las manecillas correspondientes a la hora y los minutos del reloj propiamente dicho, ya que su tratamiento con luminova, al igual que ocurre con los índices, las/los hace mucho más legibles bajo cualquier condición.
 Del ángulo desde el que observemos la esfera, depende en gran parte su legibilidad
Los índices correspondientes a las horas del reloj lo son en forma de bastones rectangulados y acabados en punta (a excepción de los correspondientes a las “3”, a las “6” y a las “9”, que son cuadrados y, por supuesto, la coronita a las “12”), naturalmente también bañados en oro blanco y rellenos de luminova, lo que les dota de una excelente legibilidad, aunque sin llegar, desde luego, a los extremos alcanzados por determinados monstruos que todos conocemos.
Debo reconocer que la manecilla correspondiente al contador de los segundos del cronógrafo es, para mí, una de las más bonitas y logradas. Se trata de una auténtica flecha y, como tal, acabada en punta de flecha en un extremo, y en el otro, en forma de aceituna.
Las manecillas correspondientes a las horas y los minutos, en forma rectangular, clásica en los DJ, así como en los Daytonas, desde siempre, aunque quizás ligeramente más gruesas.
Rolex no es precisamente una de las casas relojeras que regatea inscripciones en sus esferas y que no reproduzco aquí, pues entiendo que las fotos son suficientemente elocuentes. En cualquier caso, aunque habitualmente se critica tal profusión de inscripciones, a mí no sólo no me molesta en absoluto, sino que incluso diría que soy de los pocos a los que les agrada. De todos modos, casi estaría por afirmar que la inscripción del modelo DAYTONA en forma curvada, sobre la subesfera correspondiente a la segundera del reloj y en letras rojas, me parece un detalle sencillamente genial.
LA CAJA y el BISEL:

Se trata sin duda, de la hermana mayor de la clásica caja Oyster (concha) de Rolex, una de las cajas más bellas que hayan visto la luz en la historia de la relojería, con sus formas redondeadas (laterales y asas) y proporciones casi griegas, aunque en este caso, en acero, con un diámetro de 40’2 milímetros, una altura de 12’6 milímetros y horadada en tres puntos: la corona –protegida por unos salientes u hombros – y los dos cercanos pulsadores para la activación y reseteo de las funciones cronográficas del reloj. Tanto la corona como los pulsadores van roscados, con el pequeño inconveniente, respecto de estos últimos, que se precisa desenroscarlos para poderlos accionar y, enroscarlos de nuevo tras la utilización del cronógrafo, a fin preservar así su estanqueidad, cifrada en unos modestos (y añado: más que seguros) cien metros.

Para mí no supone ningún inconveniente especial, habida cuenta de la escasa utilización del cronógrafo y el deleite que me supone la manipulación de dichas roscas. Respecto de la corona emplea, como no podía ser menos, la corona Triplock (obsérvense los tres puntitos).


El comedido grosor de la caja, unido a su perfil, entiendo que lo dota de una singular y bella elegancia, a la que, para mí, colabora ese sobresaliente cristal.

El bisel, al igual que la caja en sí, pulido, y provisto de la siempre útil escala taquimétrica, grabada en bajorrelieve y con las cifras en negro incluida la expresión “units per hour”. Aquí la estética vuelve, a mi juicio, a predominar sobre la funcionalidad ya que, las mismas consideraciones hechas para la legibilidad del reloj, pueden tenerse por reproducidas aquí… En cualquier caso, se trata de un bisel precioso (y delicado, claro, por aquello de las rayas en todo metal pulido).
EL MOVIMIENTO:

Se trata del nuevo calibre 4130 de Rolex, el cual viene a sustituir, a partir del año 2000 al calibre de Zenith El Primero, hasta entonces empleado en los Daytonas, con las oportunas modificaciones por parte de Rolex (supresión de calendario, espiral tipo Breguet, etc.).
Sus principales características son las siguientes:
Cuerda automática, con rotor provisto de cojinete con siete bolas y de eficacia bidireccional. 44 rubís. 28.800 alternancias/hora. Espiral tipo Breguet. Sistema antichoque Kif. Reserva de marcha de 72 horas. Certificado de cronómetro COSC.
Realmente, su aparición –nada apresurada- en el mercado supuso un esperado acontecimiento por parte de los admiradores de la marca. Eso de que el Daytona no poseyera un calibre propio crujía un poco, pero pienso que la espera ha valido la pena. No en vano, John B. Holbrook en su artículo comparativo con el Omega Speedmaster (cal 3033), insinúa que es un candidato a incluir entre los diez mejores movimientos jamás construidos.
Desde luego, en su comparativa, de la que sale beneficiado el Rolex Daytona sobre el Omega, contrariamente a lo que sentenció en su artículo sobre la comparativa entre el Submariner y el Seamaster, afirma que más allá de los fallos de funcionamiento en los que en un principio se vio incurso el cal. 3033, dicho calibre en el futuro podrá ser considerado como similar al cal. 4130, pero en ningún caso superior a él.
Respecto a mi breve experiencia en relación a la marcha del reloj, únicamente puedo constatar que, frente a un adelanto inicial (dos o tres primeros días) de unos +3 segundos/día, seguidamente se estabilizó a +1’5 segundos/día y, en esa cifra, se mantiene imperturbable.
LA PULSERA y el CIERRE:
 Gran armis y cierre mejorado para el Daytona
En realidad poco se puede decir que no se haya escrito ya del armis Oyster de Rolex salvo, que en este caso, al igual que ha ocurrido con el TOG, los eslabones centrales son sólidos y pulidos (esto último, lo de pulidos, la verdad es que no me entusiasma particularmente, aunque elegancia sí que le presta al conjunto del reloj) y que a mí siempre me ha resultado cómodo.
Otra cuestión es la relativa al tema del cierre. Hasta que salió el nuevo cierre del TOG, el cierre del Daytona ha sido considerado como el mejor cierre fabricado por Rolex y no seré yo quien opine lo contrario, pero si que me voy a permitir el lujo de señalar un par de “peros”:

Así, mediante la flecha roja, señalo un especie de escalón interior provisto de su correspondiente arista, que podría haber sido subsanado mediante el correspondiente redondeo, tal y como señalo mediante la flecha de color verde, respecto del otro extremo del desplegable, ya que es una cosa que, en un principio, pareció incomodarme (casi diría que me rascaba cuando llevaba el reloj puesto), aunque la verdad es que ahora me he acostumbrado, olvidándome absolutamente del tema.
La otra cuestión es el tema del cajetín del cierre, ya que tal y como puede observarse a través de la fotografía, y según señalo mediante la flecha azul, tiene una leve tendencia a separarse oblicuamente del armis.
Estos defectillos no los he observado en el TOG.
A MODO DE CONCLUSIÓN:
Bueno, pues… ¡qué puedo decir, si he decidido quedármelo! Pues eso, que aunque como toda obra humana, no está exento de imperfecciones, el Daytona cal. 4130 es para mí una obra maestra de la relojería contemporánea. Sus virtudes superan con creces sus defectos y rápidamente se olvida uno de sus limitadas dotes en cuanto a la legibilidad (del cronógrafo) se refiere, o de la ausencia de pequeños y casi insultantes detalles como el tema de la fecha o el de un cierre perfectible, pues el conjunto es sin duda excepcionalmente atractivo y deseable, sobre todo a plena luz del día, que es cuando luce en todo su esplendor, tanto, que no he podido conseguir una sola foto que le haga justicia.
Es cierto que se trata de un reloj relativamente inalcanzable, tanto por su precio (5745 €), como por la escasez de su oferta en la versión de acero, ya que más parece concebido como una táctica de Rolex enfocada a facilitar a sus concesionarios un reloj singular con el que premiar a sus clientes más fieles, que de colmar unas pretensiones comerciales. De todos modos, y en su versión en acero, materializa como pocos el paradigma de la completa recuperación del precio pagado en un caso de apuro y eso, hoy en día, no es poco.
En cualquier caso, cada vez me siento más a gusto con él, a pesar de sus nada despreciables 140 gramos de peso, y voy descubriendo que, como ya me ocurriera con el Speedmaster, hay pocas cosas más placenteras (en relojes) que poder disfrutar en tu muñeca de algo tan simple, y tan completo a la vez, como es un cronógrafo en estado puro.

¡Saludos! Y gracias por llegar hasta aquí.
Paso
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