gkt     Fecha  17/02/2012 10:19 
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Hace ya bastantes años que nos dejó, y tampoco hay un motivo concreto para traer hoy este recuerdo, pero ahí está.

Desde muy pequeño mis padres me llevaban al Paga y sus alrededores. A veces íbamos andando desde casa, por el Peñaskal, otras por La Peña y Bolintxu, y a veces cogíamos ‘el 4’ (seguro que algunos lo recuerdan) para subir desde Rekalde. Tengo imágenes bien grabadas, unas confusas, otras muy nítidas, la fuente de Iturrigorri y la plataforma de giro del autobús, la presa de Bolintxu donde se bañaba la gente (a mí no me dejaban), un txakolí que no sé si era siempre el mismo o eran varios… Cuando me hice un poco mayor, ya pasé por completo del monte.

Cuando al viejillo le prejubilaron, lo primero que tuvo que hacer fue recuperarse de un soponcio; sus jefes le habían machacado durante meses para que aceptara unas condiciones bastante sangrantes, y casi no lo cuenta. Pero, una vez pasado el bache, se dedicó a lo que más le gustaba: subir al Paga acompañado de varios amigos a los que también habían retirado de la circulación.

Para allá se iba día sí y día también a hacer distintos recorridos, y cuando hacía mejor tiempo, de tanto en tanto, pillaba el bocata que le preparaba ama (supongo que acompañado de la bota de vino) y tiraban para el Ganeko, lo que en casa nos parecía una cosa tremenda, y nos dejaba un poco intranquilos hasta que volvía. Su indumentaria montañera se limitaba al calzado, porque por lo demás iba con ropa normal, la txapela, un jersey y un abrigo en invierno, y una camisa remangada en verano.

En eso estuvo un tiempo, que no podría definir, quizá un par de años. Yo en esa época estaba en otras historias muy distintas, era muy moderno, arty y amigo de jaranas nocturnas. Confieso que aborrecía todo aquello del monte, no podía entenderlo, ni podía soportar ver a mi padre con sus aparatosas botorras y sus calcetines gruesos yendo siempre al mismo sitio (o eso me parecía a mí) a subir cuestas y ver campas y árboles. Me resultaban ridículos sus relatos siempre cuajados de nombres como Arraiz, Arnotegi, Ganeta, Rompeculos… que a mí me sonaban a chino, y me parecían un absurdo adorno para hablar mucho de un único monte, que era el Pagasarri… y que ni siquiera sabía muy bien dónde estaba.

Luego las cosas se torcieron, los colegas del viejo fueron pasando a mejor vida, primero uno, luego otro, y se le fueron quitando las ganas de subir. Circunstancias familiares muy dolorosas terminaron de borrar a la fuerza su afición, y ya en sus últimos años estaba sin ánimo y muy cascado para retomarla.

Y ahora, mucho tiempo después, resulta que soy yo el que pierde el trasero cada fin de semana pensando en poder dar una vuelta por algunos de estos sitios o por otros parecidos. La vida es muy larga y da muchas más vueltas de lo que podemos pensar. Pero, eso sí, aunque ahora tengamos gore-tex y cortavientos, las botas siguen siendo muy parecidas.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

Respuestas (1)
 
  • » Pagazale « - gkt - 17/02/2012 10:19 
    • Re: Pagazale - Fernan - 17/02/2012 23:04 


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