webmaster     Fecha  18/01/2010 22:59 
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Volver al foro Responder Santa Agueda   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Fátima, nos envía estos preciosos relatos efectuados por su ama, creo que hay que recuperar todo lo que se pueda de las vivencias de personas mayores, muchas gracias Fátima y dáselas a tu amatxu Bego





Santa Ageda

Nire amak kontatuta:

Bera Bilboko San Adriango baserri batean jaio eta bizi izan zen; baserria eta San Adriango baseliza eraikin berbera ziren. Sasoi horretan ez zegoen ez oraingo etxerik, ez pisurik, ez ezer, bakarrik baserriak. Orain, hartatik, auzoko izena baino ez da geratzen eta baseliza zegoen lekutik autopista pasatzen da.
Otsailaren 4an gauez soldadutza egin behar zuten mutilak biltzen ziren eta baserriz baserri kantatzen ibiltzen ziren, Urizar Dorretik Pagasarriraino.
Familia lotan zegoen eta mutilen etorrerarekin esnatzen zen. Nire amamarenera ere heltzen ziren, goizeko ordu batetan edo ordu bietan, galdetzen zuten lehenengo gauza ondokoa zen: “Kanta ala erreza?” Hori errespetuaren seinalea zen, gaixo edo heriotzaren bat egon ahal zelako familian. Gero, mutilek Santa Agedaren koplak kantatzen zituzten, eta haien artean etxekoei koplaren bat dedikatzen zieten, zeren sasoi horretan guztiak ezagunak eta lagunak izaten ziren.
Nire amak gaueko iluntasunean, isiltasunean eta bakartasunean, Santa Ageda kantuak entzutea hunkigarria zela esaten du.
Bertsio hau kantatzen zen, nik ez dut inon ez eta inoiz ere entzun:

Oles, oles atetan,
nor dabil denbora honetan?
mutil zoroak alkar hartuta
Santa Ageda kantetan.

Pobre ta humilde
dabiltzanentzat
batuten borondatia...

Mutilek, biltzen zuten janariaz eta diruaz, soldadutzara joan baino lehen, afari bat egiten zuten, agurra bezala.

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Santa Águeda

Tres golpes secos de makila resonaron en el suelo: uno... dos... tres. En tres segundos la mente de Peru rasgó el velo de la noche y vio lo que le esperaba. Lo mismo pensó Fermín cuando salió de la cuadra con su hijo y se acercó al corro que estaba delante de la puerta del caserío de Guiña.
Oles, oles atetan...
Fermín entró en el corro y cantó las estrofas del solista. Buena voz, hasta que llegaron los hijos, también él participaba.
El recorrido empezaba siempre así, en Guiña, con la colaboración de Fermín como solista.
Al terminar, después de guardar el queso en la cesta, comenzaron a caminar sin prisas. Peru se subió el cuello de la chaqueta mientras hablaban sobre la mili que harían cuatro de ellos aquel año, la incertidumbre de no saber dónde les tocaría, la certidumbre de dejar más trabajo a los de casa con su marcha... mil cosas.
Cantaron en Jauregi, Arrati..., la cesta empezaba a llenarse y la bolsa de tela también. Las distancias eran largas, tardaban más en llegar que en cantar cuando habían llegado.
En Etxezuri no cantaron. A la pregunta de “Kanta ala erreza?”, Félix contestó serio “Erreza”, Antone estaba enferma, con fiebres, y no se sabía cómo acabaría aquello; rezaron el Padrenuestro, la Salve y Gloria. Félix y los niños también rezaban con ellos, desde la ventana.
Ya, en silencio, con el pensamiento puesto en Antone, atravesaron los manzanos y llegaron a la ermita de San Adrián. Hicieron el corro en el porche y el pulso de Juan se aceleró al golpear el suelo: uno... dos... tres. Las voces subían rectas, verticales, hacia el balcón del cuarto nuevo. Después del “Eup!” Juan miró hacia arriba:
- Ama!
- Juantxu, hartu!
Le tiró unas medias de lana de repuesto para que llevara en el bolsillo. Todos iban con las albarcas de goma que llevaban a la huerta; ya empezaban a adentrarse en el monte, cuesta arriba, quedaba tierra y barro por atravesar.
La luna iluminaba sin fuerza, pero les ayudaba. El primero de los diez era Isidro, que llevaba el farol.
Peru divisó la silueta de Beiti entre las higueras. En la ventana distinguió a Miren, con el pelo suelto, largo. El día anterior se habían cruzado en el camino, cerca de Arkotxe, y estuvieron hablando unos minutos. Ella siempre llevaba una trenza y hablaba riéndose. Peru, antes de cantar, contempló a la familia y, al cantar, miraba al farol, donde veía la luz de los ojos brillantes de Miren.
Subieron, subieron. En cada caserío dejaban el recuerdo de Santa Águeda y se dirigían en versos a las familias, destacando lo mejor de cada una.
Cantaron en Asabele, los caseríos de San Justu, Larratxu, Igertu, Uzkorta... Por fin llegaron a San Roque. Era tarde, estaban cansados, hicieron el corro delante de la ermita, Kortajarena y las otras familias salieron a oírles.
En el silencio absoluto de la noche el clamor de Santa Águeda llenó el aire, rebotó por las piedras y se adentró en los caminos oscuros del Pagasarri. El viento pedía protección al pasar por las ramas de las hayas: Santa Águeda, danos tu valentía; San Roque, danos tu fe; que seamos fuertes como estas laderas, que seamos flexibles como estos fresnos. Santa Águeda, danos tu resistencia; San Adrián, danos tu valor; San Roque, danos tu fe.




Santa Águeda

Contado por mi madre:

Ella nació y vivió en un caserío de San Adrián; el caserío y la ermita de San Adrián eran la misma constucción. En aquella época no había las casas de ahora, ni pisos, ni nada, solo caseríos. Ahora, de aquello no queda más que el nombre del barrio y donde estaba la ermita, pasa la autopista.
La noche del 4 de febrero se reunían los quintos, los chicos que tenían que hacer la mili e iban cantando por todos los caseríos, desde Torre Urízar hacia el Pagasarri.
La familia estaba durmiendo y se despertaba con la llegada de los chicos. Cuando llegaban a la casa de mi amama, a la una o a las dos de la mañana, primero preguntaban: “¿Canto o rezo?”, como señal de respeto por si había algún enfermo o había fallecido alguien en la familia. Luego, los jóvenes cantaban las coplas a Santa Águeda y, entre ellas, dedicaban alguna copla a los de la casa porque en aquel tiempo todos eran conocidos y amigos.
Mi madre dice que era muy emocionante oír el canto de Santa Águeda en el silencio, la oscuridad y la soledad de la noche.
Se cantaba esta versión, yo no la he oído nunca en ningún sitio:

Oles, oles atetan,
nor dabil denbora honetan?
mutil zoroak alkar hartuta
Santa Ageda kantetan.

Pobre ta humilde
dabiltzanentzat
batuten borondatia...

Los chicos, con los alimentos y el dinero que habían recogido aquella noche, hacían una cena de despedida antes de ir a la mili.




                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

Respuestas (2)
 
  • » Santa Agueda « - webmaster ® - 18/01/2010 22:59 


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