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¡cuanta ceguera, que hay!¡vemos y no vemos!¡miramos y no amamos!!
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¡Cuánta ceguera que hay!
hay!¡Vemos y no vemos!
¡Miramos y no amamos!
Muchas veces tenemos confusión en nuestro corazón, en nuestra inteligencia y un debilitamiento en nuestra voluntad ¡increíbles! Sin embargo tenemos que decir “la vida es bella”
Dios nos ha regalado la vida y hay que vivirla con entusiasmo, con alegría. ¡Hay que vivir bien la vida haciendo el bien a los demás! ¡No amargar la vida a los demás!
Es cierto que hay problemas económicos, políticos, sociales, globales; hay mucha violencia, mucha inseguridad, mucha traición. ¡Todo esto es cierto, pero que no empañen el valor de la vida!
Cada uno tiene que hacer un recorrido de conversión personal. Tenemos que retomar el camino, ¡porque nos hemos equivocado!, ¡hemos salido de la calle!, ¡hemos perdido algo! ¡Usted ha perdido algo! ¡Yo he perdido algo!
Tenemos que volver a recuperar ese algo porque Dios pasa. ¡Y si Dios pasa, uno tiene que responderle así “Señor, Hijo de David, haz que vea, te pido: ¡sálvame!” Tenemos que pedírselo porque El nos va a responder. Pero si no lo pedimos con entusiasmo, con coraje y convicción, no vamos a tener respuesta.
¡Que Dios nos responda si tenemos coraje y entusiasmo para pedirle “Señor, haz que vea”!
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Re: ¡cuanta ceguera, que hay!¡vemos y no vemos!¡miramos y no amamos!!
Hay personas entristecidas –patológicamente tristes– entre las gentes que frecuentan la Iglesia, y que viven una vida de una fe incompleta o defectuosa. Tienen pocas alegrías porque no ven. Y no es una metáfora. No ven. El hálito que Jesús de Nazaret comunica a los que le siguen es de alegría. Pero hay que ver, precisamente, cual es el camino para conseguir esa alegría. La clave es simple. Tienen que dejar de ser ciegos y ver a los hermanos y hermanas. Si su ceguera les lleva a verse solamente a ellos mismos, mal reflejados en un muy malo espejo, sin divisar la realidad hermosa y difícil de los hermanos que tienen alrededor, pues estarán tristes, muy tristes