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Muerto él, muerta ella sola quedó la encina aquella. Pero zeus un rayo tiró, y otra junto a esa creció.
Pero los celos de la diosa pronto pondrán fin a esta historia hermosa. Envidiosa y celosa, partió las encinas con ira ponzoñosa.
Cansado y enfadado, el dios dijo lo que había pensado; que ya no la quiere ni ver pues ni de ella siquiera quiere saber.
(Así surgieron los divorcios)
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