Sindicalismo de Granja, cuerpos rollizos de sebo y manteca, bulímicos e insaciables, estómagos agradecidos, del socialismo empírico, un pesebre donde yacerán para cebar su laxo cuerpo hasta la infinita gordura y así dar cumplida cuenta, de su mórbida deuda con el más rancio de los sectarismos. Vida ociosa, carente de esfuerzo, del vivir un cuento, verborrea y silencio como sustento. Alegría contenida de tanta impostura, gestos de victoria y jubilo exhiben ante esta política antisocial, como respuesta, el silencio de la complicidad.