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El Loco Bielsa
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"Bielsa, el tiempo te dará la razón" afirmaba la célebre bandera que se lucía en el estadio monumental cuando aquel era entrenador nacional. La clasificación de Chile y su excelente campaña y juego; el reconocimiento ahora sí unánime desde los dos lados de la cordillera; la renuncia de Riquelme y la confirmación del liderazgo de Verón y Mascherano o la citación de Aimar, son algunos de los tantos jalones más en la cantidad de "razones" que va acumulando con el tiempo Marcelo Bielsa. Ahora, aquellos que llamaban "terquedad", "locura" o "inutilidad" a la coherencia de Bielsa, el miércoles la pedían a gritos para que Chile le juegue con todo a Ecuador y le facilite la clasificación a Argentina. El Loco no necesita ni que se lo pidan, como tampoco le pasó factura a nadie: hizo su trabajo y construyó de la nada en dos años el mejor equipo actual de América. Como nos tiene acostumbrados con su pensamiento y su trabajo, derribó varios mitos. Uno de ellos, aquel que dice que "no se puede trabajar cuando los jugadores llegan dos días antes de los partidos". La gran mayoría de los jugadores de la selección chilena ahora juegan en el exterior (otro mérito del Rosarino) y sin embargo, el equipo muestra estar muy trabajado tácticamente. ¿La razón? No es que no se puede trabajar; es que en esas condiciones del fútbol sudamericano, se trabaja de otra manera. Se debe trabajar de otra manera. Así es como los futbolistas chilenos llegan y tienen un trabajo hecho "entre partido y partido" de selección. En ese lapso en el cual Basile "se aburría" en Punta del Este y Maradona se pelea con la prensa. En esos espacios entre partidos, Bielsa investiga a todos los rivales (era sabido el hecho de que conocía a todos los jugadores de la lista de buena fe de los rivales en los torneos internacionales a los que iba con Argentina), sabe a la perfección cómo se están moviendo sus propios jugadores elegidos, cómo llegan, qué deberán hacer en la cancha en el próximo match, cómo ilustrarlos con fragmentos de partidos propios en el poco tiempo que hay, etc. Y en el caso de Chile, como transformar la tradición de un equipo timorato y desconfiado, en el único que se llevó por delante a los rivales como visitante en cualquier cancha y se cree capaz de ganarle a cualquiera. Esas "muchas y muy variadas tareas que implica ser entrenador de selección nacional", como definió cuando renunció a la selección argentina después de un renacimiento olímpico hecho a base de esfuerzo y dignidad, como lo reconocen todos los jugadores que trabajaron con él. Aquel momento donde, sabiéndolo o no, dejamos ir a alguien cuyo valor ahora aprecian en su justa medida en otra tierra. Valor no sólo deportivo o técnico (que es altísimo y de excelencia) sino humano y de personaje público, como lo demuestra la comparación de su conferencia de prensa con la de Diego: es decir, de ese "aunque no lo crean, yo maduré" con que hizo reír a la sala de prensa chilena, a la invitación a sobar que el desbordado Maradona le sugería a nuestra inefable prensa deportiva vernácula. Tomo las palabras de un amigo para cerrar: aquellos que despreciaban a Bielsa, ahora, que la chupen.