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Fecha  14/01/2011 19:04

CARTA A MARÍA ELENA WALSH por OSCAR PORTELA
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CARTA A MARÍA ELENA WALSH
por OSCAR PORTELA
a Enrique Rebull

Llora mi corazón. Es una tenue garua o lagrimas del alma porque te fuiste. Cuan pocos te conocieron en este país al que diste tanto. La poeta que no hizo de las declamaciones demagógicas la razón de ser de su concepto de la Ética tan declamada por los políticos: esa sinceridad que dejaste grabada para siempre en “Clarin”, cuando durante el proceso de Reorganización Nacional escribiste “El país jardín de infancia”.

Eso era valentía, sinceridad, Ética, y no las virtudes que se exponen mostrando los cinco dedos de la mano. La María a la que Juan Ramón Jiménez llevó a Washington muy joven todavía, rebosante de alegría y de talento.

Verdad es que no nos frecuentamos luego de las reuniones que manteníamos a veces en lo de mi padre simbólico Sigfrido Radaelli, pero fue suficiente para que te hicieras un lugar en mi corazón.

En 1980 Sudamericana publicó esa maravillosa Antología “A la madre” que prohijaste y me enviste un ejemplar con una bella dedicatoria. Al mismo tiempo en una corta misiva me preguntabas: “¿Oscar, adonde se fue tu juventud”…

Solo puedo decirte transcurridos los años que aún no lo sé, pero que pronto me abandono para volar muy lejos de mí.

Creo que no serás velada en el Congreso ni habrá en torno tuyo, exposiciones hipócritas cuando en los últimos años te llamaste a soledad y silencio.

Ya estás en la memoria colectiva de los niños para siempre y en los que sabemos que no solo Manuelita pone tu obra a la par de los grandes poetas de nuestro país.

Ya eres la leyenda que no búscate ser y con eso basta para los que saben que el pasado siempre camina a nuestro lado porque se actualiza a cada instante.


Soneto de María Elena Walsh

Ahora como un ángel apareces

y me rodeas sin decirme nada.

Ángel que yo cuidara tantas veces

sin saberlo, callada.

En todo lo que miro permaneces

como el aire feliz de la mirada.

Me parezco a tu ausencia y te pareces

a mí resucitada.

Porque viniste cuando me moría

a devolverme a vivas caridades;

porque mi noche muda se hizo día

por gracia de tu voz iluminada,

en esta eternidad con que me invades

yo que no era, soy tu enamorada.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                





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