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Hola a todos. Soy Marta Arenós, la farmacéutica del Puerto. Primero que nada, me gustaría sumarme a ese sentimiento de satisfacción que nos dejo la experiencia de la “Fiesta Solidaria de Antaño”; sentimiento provocado, a mi parecer y por lo que leo en los mensajes, porque la feria fue un éxito de convivencia, alegría y buen hacer.
También me gustaría haceros participes de la experiencia de conocer la realidad para la cual hemos contribuido económicamente con la recaudación de la feria de este pasado verano. Hemos estado en Ecuador con Antonio Martínez, conociendo un poco todo aquello.
Compartimos un día en Shushufindi con el Comité de Derechos Humanos, una gente encantadora y abierta, y muy, muy luchadora, comprometida de todas, todas, con las injusticias que se dan en su tierra. Es gente joven, alegre y de gran corazón que lucha día a día contra esos poderes abusivos que imperan en su país, concretamente en su zona del Oriente de Ecuador. Ellos ya nos mandaron un informe agradeciéndonos el dinero y varios videos donde los pudimos conocer un poco más (os los pase en el puente del Pilar), pero aparte de estos datos, lo que yo os quiero transmitir es el cariño compartido entre dos pueblos tan lejanos en el espacio y sin embargo tan cercanos en sentimientos y cariño. Compartimos unas cuantas horas como si nos conociésemos de mucho tiempo, y yo creo que eso es por la ilusión con la que vivimos toda la historia de la feria y que fuimos capaces de transmitir y ellos de recibir.
En Ibarra, en la Hermandad del Siervo Sufriente, estuvimos unos cuantos días, ya que aprovechamos el viaje para llevarles un cargamento de medicinas y un poco más de dinero que recogimos en el mes de Octubre, entre distintas farmacias de la zona y particulares de Puertomingalvo, Linares, Mosqueruela, Albarracín, Cantavieja, Igresuela, Alcora, Burriana y Villarreal. Les organice las medicinas para facilitar su uso por los cuidadores, en la enfermería que habían habilitado con un armario para este fin, con parte del dinero que les mandamos en Agosto. Antonio y Romualdo aprovecharon el tiempo comprando y poniendo estanterías tanto en la enfermería como en las habitaciones. También vimos con nuestros ojos lo que pudieron realizar con el dinero que les mandamos de la feria y que os contare y os enseñare con el informe de gastos que nos dieron en una próxima reunión. Pero dejando a un lado la parte material, os tengo que transmitir lo bonito de la experiencia; nos recibieron como si nos conocieran de hace un montón, igual que en Shushufindi, tanto Cecilia y sus hermanas que nos acogieron en su casa y nos hicieron sentir, valga la redundancia, en casa, como Tere y el resto de miembros de la hermandad que nos hicieron sentir uno más. La gente que allí vive te transmite un cariño y una alegría, que no ves en ellos personas enfermas o necesitadas y cuidadores, sino que ves a una gente maravillosa haciendo una labor increíble y ves a las “mejores flores del reino de Dios” como dice Antonio, y realmente lo son, te transmiten una alegría y una paz increíble. Nos despidieron con una canción hermosa, los que podían cantaban, los que no aplaudían o sino simplemente estaban y sonreían, y os tengo que decir, que a mi el corazón se me ensancho un buen trozo.
Tenemos que estar contentos con lo que hemos conseguido en nuestro pueblo, entre nosotros y también con lo que hemos llegado a transmitir a esta gente lejana y a la vez tan cercana.
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