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ZAMORA Caravana de sentimientos Una veintena de solteros de Los Valles y cuarenta mujeres de varias nacionalidades se dieron cita en San Cristóbal de Entreviñas en busca de relaciones
19.04.09 - ISABEL REGILÓN| BENAVENTE
Un autobús repleto de mujeres se detiene ante un nutrido grupo de solteros de más de 50 años, que esperan entre nerviosos y expectantes. Es la estampa de las caravanas de mujeres, que desde aquella primera iniciativa en Plan ha llegado a multitud de localidades del medio rural español y siempre levantando las mismas expectativas, lograr reunir parejas y consolidar matrimonios que acaben con la soledad de algunos y aumenten el padrón de habitantes de los pueblos más pequeños. La historia se repetía ayer en San Cristóbal de Entreviñas, a iniciativa de uno de sus restaurantes, El Jardín, que lleva meses preparando esta fiesta y que ayer la disfrutó con total éxito, a pesar de la escasa respuesta precisamente en el pueblo. «Es algo que se nos ocurrió hace tiempo, hablando en el trabajo, y nos pusimos en contacto con la asociación que las organiza en sitios como Vitigudino, o Socamu. Ellos se encargaron de buscar las mujeres y nosotros los hombres; hemos reunido una veintena de solteros de pueblos próximos, como Matilla de Arzón, Milles de la Polvorosa, Villalpando, Benavente, pero sólo dos de San Cristóbal de Entreviñas, donde hay entre 80 y 90 solteros», explica la organizadora, Clara Isabel Lera. Los protagonistas masculinos esperan nerviosos dentro del local y salen a la calle a cualquier alerta de llegada del autobús, aunque la presencia de la prensa les impide expresarse con soltura, de manera que la mayoría están callados. El ligero retraso sobre el horario previsto en la llegada del autobús hace que se vayan soltando, aunque únicamente uno de ellos se atreve a colocarse debidamente para recibir a la primera de las invitadas con un beso. El es el encargado de ir recibiendo, de forma improvisada a todas. Curiosos Mientras, un grupo de vecinos observa la escena desde el otro lado de la nacional 630 y no son los únicos. En ese momento, la expectación ha hecho que un conductor se distraiga y frente al local se produce un choque con tres vehículos implicados. El susto se salda con pequeños roces y daños materiales. Ninguno de los 22 hombres asistentes a la fiesta ha participado en una caravana de mujeres con anterioridad y mientras los más tímidos esperan conseguir la amistad o, como mucho, pasar un día divertido, otros son más osados con sus pensamientos y exhiben un tanga de color rojo y blanco antes de que lleguen las invitadas. De todo hay, pero a la llegada de las señoras todo es educación para intentar entrar en conversación. Las 41 mujeres, todas ellas sudamericanas residentes en Madrid son, en su mayoría, habituales de las caravanas de mujeres. Lo han intentado una y otra vez. «Me divierto mucho y conozco gente y lugares. Es muy poco tiempo el que tienes para entrar en contacto con alguien pero lo normal es que surja la amistad y después continúes hablando con esa persona», explica Rosalía, quien no descarta la posibilidad de fijar su residencia en la comarca. «¿Por qué no?, conozco Zamora y Salamanca, son pueblos muy bonitos y en todas partes hay gente buena. Yo lo único que quiero es un lugar donde vivir a gusto y trabajar, porque lo que no puedo hacer es estar inactiva». Guapas Rodrigo Redondo, de San Cristóbal de Entreviñas, es uno de los dos solteros que se ha animado. «Si a la que me acerco me gusta, estupendo, pero si no, tampoco vengo con intenciones de resolver nada, si surge, surge». A primera vista, las mujeres participantes le parecían guapas, aunque no era lo que él buscaba. «Tampoco yo soy tan guapo», contestaba descartando esa exigencia. Con escepticismo se lo tomaron otros, como Rosa, quien ocultaba debajo del jersey una prenda para hacer creer a los caballeros que estaba embarazada. «Quien quiera atreverse conmigo tendrá que hacerse cargo de todo, vamos con todas las consecuencias» y se reía cuando veía que no se le acercaba nadie. «Se van espantados», decía, explicando que para ella es una prueba para elegir entre todos los participantes. «No quiero cobardes». Comida, baile, cena, una tarde juntos para intentar conocer gente y entablar una amistad que quizá con el tiempo llegue a más. Ayer era la hora de disfrutar, después de que los días anteriores todos soñaran con un feliz encuentro y tras las despedidas puede que algunos hayan mantenido la esperanza.
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