sara    sramos_santiago@hotmail.com Fecha  13/05/2007 13:08 
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Hola Almudena.
Me llamo Sara y soy una chica de Salamanca.
He conocido tu libro gracias a Raquel que llevaba meses hablándome de él y me ha regalado un ejemplar dedicado.

Eso fué ayer por la tarde y gracias a ti hoy tengo unas ojeras que me llegan al cuello porque me he pasado buena parte de la noche enganchada a cada unas de las páginas. Te confieso que no lo he terminado todavía porque tengo un examen en puertas y he de apurar con el estudio, pero lo he tenido que sacar de mi habitación para evitar tentaciones de echarle un vistazo cada pocos minutos.

Al leer ciertas cosas te he imaginado como una especie de colador. Vale vale, no pongas caras raras, me explico.
Es cierto que tienes una discapacidad (y dirás tú, joer, como para olvidarlo). Pero yo muchas veces pienso que quien tiene algo así o cualquier otro problema de salud sencillamente sabe lo que tiene.
Tú tienes una problema neurológico, vale, y cualquiera de nosotros lo puede tener mañana o ahora mismo pero sin saberlo. Al leer tu libro, y no lo he terminado todavía, no siento pena por ti sino admiración. Porque sencillamente sabes y eres consciente de tus límites. Y esos límites son exactamente los mismos que los míos, que no voy en silla de ruedas.
Son los de cualquier persona. Puedes luchar por cualquier cosa, conseguir lo que te propongas siempre que haya gente que te apoye, que te quiera. Tu familia y amigos son tu silla de ruedas. Ellos son los que te empujan en la vida. Del resto, como voy leyendo, ya te encargas tú solita.

Y lo del colador significa que tras la lectura de parte de tu vida vas tamizando lo superficial para dejar pasar lo importante,que en tu vida son los detalles.
Porque a veces la vida se presenta, para lo bueno y lo malo, como un cuento. Parece que la historia se acaba con que "se casaron, fureon felices y comieron perdices". Pues no señor. A partir de ahí vuelven a casa y hay que empezar todo.
Y eso pasa con lo malo de la vida. De pronto no puedes caminar pero el cuento no acaba con que te quedas en silla de ruedas y se acabó, sino que al día siguiente hay que levantarse y lo primero que hay que hacer es intentar cruzar la calle si es que te dejan bajar de la acera.
Es en tu día a día, en esas pequeñas cosas que realmente son un todo, donde he sentido una admiración enorme por tí.
Porque a mi me cuesta pedir un favor para cualquier chorrada y tú has tenido que vencer la vergüenza, la timidez...
Te admiro.

Bueno, creo que ya vale de tanto sermón.

Sólo quería darte las gracias por haber escrito este libro. Me ha dicho Raquel que tienes un segundo en marcha.
Muy bien, muy bien estoy deseando leerlo.
Ah, y otra cosa, yo no entiendo nada de literatura pero creo que eres muy buena escritora. Eso lo detecto cuando al mismo tiempo que no puedo parar de leer me da rabia que el libro no tenga más páginas.

Un beso y hasta pronto.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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