Edgardo Colombo Semino    mirebuenosaires@argentina.com http://www.mirebuenosaires.com.ar Fecha  4/08/2011 05:45 
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Haber, haber Marcelo Zanetti:

Ante todo quiero aclararte que no voy a utilizar formalismos ni te voy a tratar de usted, porque nos conocemos desde hace más de treinta años y no voy a andar con hipocresías.

Dirigiéndome directamente al tema de tu acusación de infamia, señor “bogado”, te voy a describir con exactitud, el día que fui a la escuela del pasaje Dantas (Tierra del Fuego) a conversar con las autoridades de dicho establecimiento para comentarle que tres o cuatro ciudadanos de los barrios de Villa Santa Rita y Villa del Parque estábamos intentando reabrir la Asociación Vecinal de Fomento y Cultura Corporación Mitre, Biblioteca Pública Popular, cita en la Avenida Álvarez Jonte casi esquina calle Cuenca, a unos doscientos metros de la escuela Tierra del Fuego.

Golpee la puerta de entrada y me atendió un señor muy amable, como de unos sesenta años, que después me cerciore que era en encargado del colegio, llamado también portero. Me presenté y le solicité hablar con alguna autoridad de la institución pública educativa. Le explique la razón y este señor me dijo: *espere un momento que le comunico al director*. Sin decirme tu apellido. Me paré en el gran hall de la entrada de la escuela, me entretuve mirando las vitrinas con las piezas de exposición, que tenían que ver, al parecer con un intercambio con nuestra Provincia de Tierra del Fuego, Placas y elementos militares usados en esa zona del país.

En un momento giro mi vista a la izquierda, (teniendo en cuenta que me encontraba dándole la espalda a la entrada del edificio) y veo una puerta de dos hojas antigua, con vidrios, como de dos metros y medio de alto, y detrás de ella unas cortinas semi transparentes, y en ese momento me di cuenta de dos cosas, a saber: Que había sido un error el haber venido a hablar con el director de esta escuela, y que esa puerta era la entrada de la dirección del colegio. Y digo que sentí que era un error, porque detrás de dichas cortinas sémi transparentes nombradas, vi a un hombre vestido de civil, es decir sin el guardapolvo blanco que generalmente utilizan los docentes y con más razón los directores de un colegio público, simplemente para dar el ejemplo de igualdad a los niños o educandos, parado de tras de un escritorio, hablando por un teléfono celular, e identifique de inmediato ese rostro, y era el tuyo, era el de ese Marcelo Zanetti, que conocido de años era para mí, y que muy bien sabía que no le interesaría el tema de la reapertura de la biblioteca. Siguió pasando el tiempo y como después de media hora en la cual estuve a punto de irme por el mismo camino por el que había venido, pero desgraciadamente no lo hice, saliste vos y me saludaste como lo hacías años atrás: *Que haces gordo*, porque jamás me llamaste por mi nombre. Te acordás.

Entonces te comente el tema de la biblioteca, sin mediar palabra te fuiste, y saliste por otra puerta que daba al gran patio de la escuela, y me hiciste esperar otro rato largo, y como a los quince minutos volviste acompañado con el mismo amable señor que me había abierto la puerta. Me lo presentaste como el encargado de la escuela, no me dijiste su nombre. Y me preguntaste, *¿podemos ir a ver la biblioteca?*. A lo que te contesté: *sí, acá tengo la llave*. Y allá fuimos los tres por el bello pasaje Julio Dantas, caminando hacia Cuenca, con muy poco dialogo, porque en verdad nada podíamos hablar entre vos y yo. Y eso estaba claro.

Llegamos al edificio de la biblioteca y cuando entramos te expliqué que los libros se encontraban arriba y te mostré un busto de Bartolomé Mitre que estaba colgado en un pequeño pedestal a la izquierda de la entrada, te dije que ese era un busto antiquísimo, que por suerte todavía estaba allí, que nadie se lo había llevado, y vos me contestaste: *ah… eso es bueno*.

Fuimos al primer piso por las viejas escaleras de madera de la institución y te mostré los casi treinta mil libros abandonados que se encontraban en ese momento el las dos habitaciones. Cuando terminé de explicarte que queríamos hacer con la reapertura de la biblioteca y que necesitábamos la colaboración de la escuela, y te aclaré muy bien que cuando hablaba de colaboración no era con dinero, sino con presencia de gente del barrio. Padres de alumnos, o vos mismo, etc, etc. que estén dispuestos a donar unas horas en forma solidaria. Vos me preguntaste por lo bajo para que no escuche el señor encargado de la escuela que estaba a unos dos metros de nosotros dos: *¿Pero decime si esto se reabre, no va a ver ningún tipo de actividad política partidaria?* Vos desconocías si yo militaba en algún partido político, pero si sabías mi ideología, entonces por si las moscas te cubriste. No vaya a ser cosa que te veas involucrado en una institución con un zurdo, ¿verdad? A lo que te contesté: *No, no es la intención de ninguno de los que estamos participando y aparte el estatuto de la institución no lo permite*. Bajamos los tres, y cuando íbamos a salir el señor encargado del colegio abre la puerta que da a la calle, esa añosa y maltratada abertura de aluminio, que al abrirla arrastró sobre el piso, y el señor encargado la trató de levantar tomándola de la manija y no pudo hacer nada, la puerta siguió arrastrando hasta abrirse del todo y dijo: *esta puerta hay que arreglarla*. Y yo le contesté: *sí, por eso estamos buscando manos amigas que nos quieran ayudar a reabrir esta institución, porque es mucho lo que hay que arreglar y somos muy poquitos*. *Buen, Bueno…* me contestó el señor.

Nos despedimos en la vereda y tu promesa fue que ibas a volver el día sábado, que no trabajabas en el colegio y que ibas a hablar con los padres de los alumnos para ver que se podía hacer por la biblioteca. Se fueron ambos, caminando hacia Cuenca, y tus manos agarradas sobre tu encorvada y desgarbada espalda, es la última imagen que tengo de vos.

Paso ese sábado, donde estuvimos tres personas limpiando y acomodando libros, y nunca viniste, y pasaron varios sábados más y jamás tuvimos noticias del director de la escuela Tierra del Fuego, ni de ninguna otra autoridad, ni de ningún padre ni alumno, es decir de nadie que haya venido de parte de dicha institución.

Y colorín colorado esta verdadera y genuina historia se a terminado.


Ahora resulta que querés hacer ver públicamente que este hecho sin relevancia alguna es mentira, para cuidar tu imagen por las gestiones como director en el colegio Tierra del Fuego. Y tu nulo interés por una biblioteca pública.

También se cosas poco positivas sobre vos y sí, me constan, sobre tu paso como director de esa escuela, que no las voy a publicar ni mencionar en esta respuesta, porque no estoy a esta altura de mi vida para ventilar cuestiones personales en un medio de comunicación, el cual soy el editor responsable. Tampoco quiero ponerme a hablar de tu padre que, convengamos, sí, podría hacerlo y con mucha tela para cortar, o de tu vida personal, porque caería muy bajo. No deseo ponerme en el mismo lugar que vos elegiste, para escribirme todo lo que decís en tu mensaje a este libro de visitas.

Eso en todo caso te lo puedo decir en la cara. Y apropósito de ello, sabés donde vivo, en el mismo lugar donde nací, y si tenés algo para decirme, porque no venís y me lo decís de esa forma, en la cara. Y por otro lado me llama la atención que en tu mensaje en el libro de visitas de Mire Buenos Aires, no hayas dejado tu correo, para contestarte. Pero bueno, así son los “conserva”.

Sabemos vos y yo que no es mentira lo que escribí al señor Guerra, hecho que me obligaste a contar en detalles en este medio y que la historia que relaté líneas atrás es la pura verdad.

Si querés hacerme un juicio pues hacélo, yo voy a ir ante el juez a decir lo mismo que escribí acá. Porque la verdad es siempre una sola. Y el que miente tiene que tener cuidado, porque sabe que puede decir dos o más versiones sobre el mismo hecho.

Y sabes que, mi querido, yo no necesito que vos me perdones, pero si me agradaría mucho, ya que hablas de tu dios, que te perdones a vos mismo, por negar aquel echo cuando fui a ver a alguna autoridad del colegio Tierra del Fuego y desgraciadamente me encontré que de vuelta estabas allí, como director.

Para ir terminando, quiero decirte que yo nunca dije que tuve actividad alguna en la escuela, la única relación que existió en mi familia con dicho establecimiento es que mi madre es ex alumna. Y la única vez que entre a ese colegio fue en el momento que acabo de describir. Y por otra parte parece que me querés denigrar resaltando de manera diciendo que fui remisero y te digo que muy orgulloso lo fui y lo volvería a ser, porque es un trabajo digno. No poseí un viejo que me pudo bancar una carrera universitaria y tuve que salir a laburar a los catorce años. Y si lo hubiera tenido no la hubiera desperdiciado.


Acordate que sos docente y que tenes la responsabilidad de formar a los pibes y estas cosas le hacen muy mal a la docencia y a nuestra sociedad.

Un saludo y cuando quieras tomamos un café, y te explico cuantos pares son tres botas, a pesar del juicio que me vas a hacer. Mi teléfono está publicado en el medio de comunicación y aquí te lo repito,
15-5964-6194. Mi correo-e: mirebuenosaires@argentina.com

Edgardo Colombo Semino. Según vos y tu eterno irrespeto hacia mí persona: “el gordo”.

Pta: Te agradezco como resaltás el buen recuerdo que tenes de mis padres.

Pta 2: Creí que los docentes de mi país, a la hora cuando tienen que escribir, poseen una excelente redacción, pero al parecer me equivoque.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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