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JAURIA HUMANA
La difícil situación provocada responde sobre todo a grandes intereses de poder por todos conocido o por lo menos intuido, aunque no sepamos que decir ante la poderosa y arrolladora economía mundial. Es un tema fuera de mi alcance analítico, y bien que lo sufro por no tener algo mas de inteligencia.
Lo que si que está a mi alcance y al de la mayoría de la población con raciocinio y libertad de expresión es la situación económica dentro de mi entorno. Mi barrio es un referente fácil de analizar si se le presta un mínimo de atención. Cuando paseo por las calles de mi barrio observo con asombro la cantidad de hombres y mujeres apoyados con bastones, es decir, se supone que son jubilados con artrosis, circulación deficiente, artritis ó que simplemente que se han torcido un tobillo haciendo ejercicio en un parque de esos destinado a la tercera edad. Todos ellos consumidores de sol y aire que es al fin y al cabo es lo que el destino político de un país de recompensas les ha facilitado. Beneficios de todo tipo se les facilita como si de gente pobre se tratara, Seguridad Social a veces no contribuida y servicios totalmente gratuitos son algunas de las ventajas de las que disfrutan. Mientras un estudiante se paga un autobús de ida y vuelta diario a la universidad, ellos tienen bonos gratuitos para pasearse por la ciudad. En la farmacia abusan de medicamentos carísimos porque son gratuitos, frente a un trabajador que busca un genérico porque es algo mas barato. Recuerdo una asignatura franquista que es de la única que me siento orgulloso, se llamaba “urbanidad”, pero de ella también debo decir algo negativo, porque nuestros abuelos se ve que no la estudiaron, la urbanidad nos enseñaba sobre todo a ser educados con los mayores y así lo aprendimos y practicamos algunos. La incongruencia surge cuando te haces mayor y tus principios se van abajo cuando no se aplica en el presente ni a ti mismo. En definitiva, abuelos mas seguros, protegidos y “dueños de la calle”, sin cultura, sin principios y lo peor de todo sin arraigo porque viven al día por ellos y para ellos, intentando prolongar su longevidad para mayor machaque social. Ni sus propios hijos son importantes, lo verdaderamente importante es su apego a la vida o el miedo a la muerte como la iglesia les ha enseñado, como si de ellos dependiera algo, y no se equivocan, si que depende algo muy decisivo, la ventura o desventura de un colectivo llamado país. Pero todos sabemos cual es el interrogante al dicho popular “No hay mal que cien años dure”. Ni los abuelos estarán aquí para vivirlo, ni los políticos actuales gobernaran para verlo. Así que siguiendo con el refranero español, “A rio revuelto ganancia de pescadores”.
El análisis de esta situación no es complicada. Algunos, los mas reaccionarios, me dirán que ellos ya han contribuido al bienestar de este país, y es un fácil argumento. ¡Mentira!. Se aprovechan sin escrúpulos de su situación dentro de un marco paternalista estatal que no les corresponde. Yo podría argumentar un hecho incontestable…” por su culpa tuvimos una guerra civil”. ¿Qué les parece?. ¿Gusta?. Pobre gente de la tercera edad, “pasaron hambre en la posguerra”, y ahora nos lo hacen pagar a sus hijos y descendientes como torturadores de un poder que les cubre las espaldas.
A la sencilla pregunta de algunos, que los habrá, de ¿Qué hacemos con ellos? ¿los matamos a todos? La contestación es “no” tajante. Quien hace la pregunta no tiene respuestas, el que argumenta un hecho social que en un futuro no muy lejano y que puede tener repercusiones graves podría tener soluciones a este problema que ahoga una sociedad emergente.
Es un hecho innegable que la ciencia médica avanza y nos hace ser cada vez mas longevos, y esto, aunque parezca una ventaja, no cabe la menor duda de que es un problema económico y social difícil de resolver. Quizá algún dia algún político con influencias se dé cuenta de que en el reparto de las funciones sociales de un país está el progreso. Nosotros, de momento, hemos apostado por la protección sin fronteras de la tercera edad, sin fijarnos de que en ellos no va el futuro. Una equitativa política de reparto de beneficios sociales seguro que podría sacarnos en un par de décadas de un abismo que estrenamos hace tres legislaturas. La sobreprotección social de los abuelos se debe fundamentalmente y es proporcional a los votos que recibe un gobierno, sea del signo que sea. Va siendo hora de que la masa con edad de trabajar y sobre todo los jóvenes a partir de los dieciocho años dejen de ir de sol y playa y dediquen solo una hora de un dia de referéndum a votar lo que quieran. Solo de esta forma los gobiernos se darán cuenta de que existe otra cosa en su país que no se pasea por el barrio con bastón. El que no vota no existe y luego no nos quejemos.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               




  • » Jauria Humana « - Baron de Chartrause - 29/05/2009 17:35


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