C,Javier...javi-Guri en Facebook    victormanuelpiter@hotmail.com Fecha  19/05/2016 09:43 
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LA ORACION

Dios reparte sus gracias por medio de la oración. Sube la oración del hombre a Dios y bajan las gracias de Dios al Hombre.

Habéis oído hablar de la Oración continua.
La Biblia dice que debemos hacer oración continua
Se han escrito muchos libros sobre la Oración continua. Uno de ellos es el del PEREGRINO RUSO. Pero sabido es que un hombre mientras esté sobre la tierra no puede estar en oración continua rezando avemarías, padrenuestros y otras oraciones. No es posible, porque hay que hacer trabajos que requieren nuestra atención,

¿Qué es oración continua?
Oración continua es el continuo de seo de agradar a Dios en todas nuestras obras y palabras.
Quien tiene el deseo continuo de alabar a Dios lo está alabando continuamente sin cesar. Y no es necesario que estemos recordando cada instante en ofrecer nuestros trabajos o acciones a cada instante. Basta con ofrecer a la mañana las obras del día para agradar a Dios y todo el día estaremos en oración continua alabando a Dios.

No olvidemos que Dios da por hecho aquello que deseamos y no podemos hacerlo por alguna causa.

Cuando el trabajo nos lo permita es muy bueno hacer oración mental
La oración mental es un continuo dialogo con Dios, con la Virgen o con los santos.
Oramos mentalmente cuando pensamos en la Pasión de Cristo, cuando pensamos en el gran amor que nos tiene Dios y como se fijó en cada uno de los que pasamos por el mundo, con dolor o sin dolor, para darnos eternamente el cielo la felicidad y su gloria.

Cuando no podemos recitar padrenuestros, podemos meditarlos. Meditar el padrenuestro también es oración mental, puesto que ha sido y es la oración por excelencia que Jesús hacia al Padre. No sosiempre Jesús oraba de viva voz. Pero siempre que las circunstancias se lo permitían hacia oración mental, hablando con el Padre Dios.

De ese modo pudo decir: Yo tengo otro alimento que vosotros ignoráis.

El Padrenuestro es una manera sublime de orar. Pero ¡ojito! que solo es oración cuando meditamos en las palabras que recitamos, porque es de locos estar diciendo una cosa y pensando en otra. Eso es rutina. Y la Rutina es la enemiga de la oración.

Hay veces en que nuestra imaginación no está en nuestras palabras. Seguimos rezando, pero rompimos el hilo de la oración.
En estos casos en que queremos orar y nuestra mente se va lejos, eso también es oración. Oración de deseo, oración de sacrificio, porque no podemos hacer lo que deseamos, ya que la imaginación se escapa como la loca de casa a divertirse con otras flores con otros sermones o escritos que nos brotan por doquier,

En estos casos involuntarios hay que esperar que la mente se “pose” y luego atraparla para seguir orando.

A veces sentimos aridez al orar. Una sequedad grande. Entonces solemos pensar que Dios ya no quiere nuestra oración. Pero no es así. En estos casos donde nos acompaña la sequedad y el desánimo es cuando más méritos tenemos. La mente se va a otros pensamientos. Las ganas de orar son nulas, porque se escaparon los fervorines que en otras ocasiones nos acompañaban.
Pero esta oración es la flor aromática y bella que ofrecemos a Dios de nuestra miseria. Es ese deseo de darle algo mejor y estamos vacíos, y secos,

A veces estamos en la iglesia sin pensar en nada, tal vez con inútiles pensamientos. Entonces pensamos que para que estar en misa si no sentimos nada.
Tampoco en estos casos te desanime, porque también las flores, las velas, los bancos y las columnas están allí en la iglesia al parecer sin hacer nada. Y sí que hacen, porque su servicio no es notado, pero sin él no habría un templo adornado.
Además siempre que estamos delante del Santísimo estamos como invitados de honor. Cristo nos contempla con alegría, nos sonríe, y nos felicita por hacerle compañía. Pensemos en una persona que ama a otra. Cuando esta otra se acerca, con solo su presencia agrada y alegra el corazón de quien la ama.
Pues eso. Eso mismo es lo que hacemos cuando nos sentimos secos de afectos vacíos de virtudes en la oración.

Cuando te distraigas involuntariamente en tu oración no te desanimes. Toma de esas distracciones nuevos méritos ofreciendo esas distracciones al Señor y abandónate en sus brazos.

Cuando amamos la oración debemos abandonarnos en manos de Dios. Si nos da alegrías, fervorines y felicidad, adoremos por esto a Dios que nos da lo que no merecemos.
Si sentimos aridez y estío en la oración, recibamos esta nuestra sequedad como algo que Dios permite, y adoremos su voluntad. Así siempre oramos, porque alabar también es orar.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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