C,Javier...javi-Guri en Facebook    piterpuig@hotmail.com Fecha  2/06/2016 21:56 
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Hay una hermosa aldea en los repliegues de las montañas de Galicia.
Bosques enormes que hacen sombra para que muchos animalcitos pueden vivir en armonía en esos bosques.

Desde un altozano se contempla, manso y sonoro un mar a veces hirviente, vomitando sus olas una y otra vez contra la mansa playa que apacigua su ira con su humilde arena,
Otras veces es el mar tranquilo y sereno donde la vista se extiende más y más allá hasta perderse en la lejanía.

Esa aldea ha hospedado a varios obispos siendo los más conocidos San Gonzalo y San Rosendo.

Es, pues, una antigua catedral.

Alli podemos admirar algunos hechos que sucedieron hace tantos años que se hunden en un pasado muy lejano.

Cuando estaban construyendo la Iglesia, los albañiles y canteros no podía seguir, porque no había agua. Se necesitaba agua.

Se lo dicen al santo, el cual no sabe como solucionar el evento.
Entonces se pone en oración, y luego tomando a varios obreros pisa en el suelo, y les dice:
-Aquí. Aquí encontrareis agua.

Pisó con la zapata al instante brota un gran chorro de agua, la cual aun hoy abastece a toda la poblacion.

Se llama "La fuente de la zapata del Obispo-

Mi padre habia regido una escuela a algunos kilómetros de ese pueblo.

Estando paseando por Mondoñedo que es un lugar cercano, veo que un sacerdote también pasea rezando su rosario. Me acerqué a él, y le pregunto de donde es.
Entonces me dice que si quiero puedo ir pasar unos días con él.

Y con él me he ido.

Era un sacerdote muy pobre. En su casa se comia poco, pues solo se cosechaban patatas en abundancia y maíz. Comida de pobres. Pero siempre alcanzaba para él y para los pobres.

Me enseñó la fuente de la Zapata, y luego, antes de entrar en casa, entramos en el templo, donde se venera una reliquia de la mano de San Gonzalo.

Me fijo en una imagen del Corazón de Maria. Una bellísima imagen. El sacerdote me invitó a saludarla con un avemaría. Luego estuvimos paseando un rato

Al dia siguiente me voy a la Iglesia, y no sé por qué me arrodillé ante la imagen.
Al rezar un salve cambiaba su rostro de nobleza y serenidad y sonreía. Eso me parecía a mí.

Otra vez y otro dia pasé delante de la imagen, más bien de rostro triste, y al hacer alguna oración ante ella sonreía. O eso me parecía.

Pasaron tres días y dos Padres Pasionistas llegan para hacer una "Misión Popular".

Se arrodillan ante la imagen y hacen oración.

También yo estaba cerca.
Un padre le dice al otro:
-Esta imagen sonríe cuando se hace oración en su presencia.

Después estuvimos dando vueltas por el patio, y se acerca el sacerdote el cual nos dice:
-Esta imagen parece sonreir cuando se reza.

Todos nos callamos.

Al dia siguiente cogimos unos bocadillos para comer de medio dia, y nos fuimos al monte.
En el monte admirábamos el hermoso paisaje desde donde san Rosendo hundia las naves normandas al hacer oración para que no entraran a corromper la fe del pueblo.

A la sombra de una ermita comimos nuestros bocatas, y como no había más, pues dimos gracias, y mientras el sacerdote se quedó descansando nosotros nos fuimos a jugar. Al fin éramos niños y deseábamos libertad para corretear por los montes.

Al dia siguiente llegaba el Señor Obispo.
-¡Pobres de nosotros! dije yo muy bajito. Solo nos faltaba el señor obispo para repartir nuestra hambre.

Pero el señor obispo nos regaló varios panes, y otras viandas para pasar unos días. ¡Bien venidos todos los obispos tan preclaros que se acuerdan de los hambrientos!

Pero había una habitación cerrada, en la cual evitaba entrar, porque había muchos santos vestidos con ropas talares, y eran muy altos.

El párroco me dijo:
-Tú Francisco Javier, vas a dormir al cuarto de los santos. Estarás bien acompañado.

-Miré yo al rededor a ver si habia otro Javier, pues a misolian llamarme Francisco a secas. Pero solo había yo.

Entonces me fui a una cama rodeada de muchos santos.

La luz de la luna arrojaba su tenue luz por la pequeña ventana. Y a su luz veo moverse los faldones de los santos. Me tapé la cabeza y traté de dormir. Pero imposible.

Quise levantarme y salir de en medio de tantas venerables imágenes. Pero una racha de aire movió los vestidos de los santos y me metí aprisa en cama y me tapé la cabeza con las sabanas y las mantas.

Me parecia que estaban a mi alrededor recordándome todos mis pecados.
Con mi tirachinas había tirado piedras a los otros niños. Con mi boina había escondido una peseta robada. Además había desobedecido a mi madre muchas veces. Era un gran pecador ahora muy arrepentido ante la presencia de tantos santos. Y todo por tener que ceder mi habitacion a u Obispo que no conocia de nada..
No hacia falta que los santos me dijesen mis pecados que bien me los recordaba yo. Y además le había mentido al Señor Obispo porque le dije que me agradaba mucho dormir entre santos, y eso era una mentira enorme.

Asi que me tapé los oídos. mientras la luz de la luna penetraba hasta mi cama dando un siniestro resplandor sobre las cobijas que miraba con un ojo que tenia destapado.

Por fin amanecio.

Aquella noche de insomnio pensé en irme a mi casa, donde no había santos ni santas.

Y le dije al Obispo que me iba.
Me dio una bendición y un trozo de pan, y me fui hacia mi casa. comiendo el pan por el camino

Yo sentía una gran añoranza al despedirme. No quería irme, pero tampoco podia cambiarle la cama al Sr. Obispo, y me marché.

Pasados unos meses me volví a encontrar con aquel sacerdote, y otra vez me fui a pasar una semana con él.

Ahora iba a suceder un gran milagro.
Un milagro que nadie podría pensarlo Un milagro maravilloso que dejó asombraos a todos.

Aquella imagen que sonreía cuando se oraba delante de ella, ahora haría algo más que sonreir.

Ahora se inundaría de una luz maravillosa. Ahora dejaría de sonrreir, y lloraría. y de su corazón que ostentaba sobre su pecho saldría un torrente de sangre que se derramaría hasta el suelo.

Eran las siete de la tarde del mes de mayo.
Era cuando todo el pueblo acudia a hacer la novena a su Virgen amada. Al Corazón Inmaculado de Maria.
Era la Virgen que asombraría a sus devotos rodeada de misteriosa luz. en una imagen que se veneraba con cariño y gran amor.
La iglesia estaba llena de sus devotos. Esa imagen se ilumina. Un resplandor hermoso la circunda. La gente se acerca. El Sacerdote se va a la Sacristia creyendo tener una alucinacion. Llora y sangra. Su sangre cae al suelo bajando por el pedestal...Viene de nuevo el Obispo. Ve el milagro y manda poner a esa imagen en una urna. Despues...Después yo me fui a mi aldea.

Paso el tiempo. Varios años. Un dia fui a visitar a un sacerdote, que es posible que algun dia esté en los altares. Era un santo sacerdote. Charlando con el, pues ya éramos amigos me dice que ya era mayor y que en Mallorca tenia muchas posesiones, que por favor me hiciera cargo de ellas. No quise aceptar nada. Pero tanto insistió que acedí.
No sabia que hacer con tamaña propiedad. Un buen dia me fui hablar con la Madre Teresa de Calcuta y le ofrecí tanto terreno. Pero tenia que hacer antes otras fundaciones.

Bueno, pues ese dia me fui a visitar esa imagen. Conmigo un amigo. Tambien ese amigo pudo esperimentar lo que otros.
Pero ya se sabe lo que sucede con esas imagenes que a veces hacen prodigios. Poco a poco la gente se olvida y todo queda como una devocion mientras vivan alguinos, despues nada.......
M                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                
 

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