Román Encabo    rencabo@msc.es Fecha  15/06/2005 11:14 
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Volver al foro Responder LA FAMILIA, SAL Y LUZ DEL MUNDO, por el Obispo de Avila   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Nuestro Obispo de Avila, Don Jesús García Burillo, nos ofrece un breve escrito pastoral sobre la Familia, sal y luz del mundo. Sincera y particularmente creo que se trata de uno de los escritos más enjundiosos y sólidos que nos ha dirigido el Obispo. En él se hace una exposición histórica seria sobre la institución familiar; se ahonda –con gran cohesión intelectual- sobre la importancia de la familia como pilar básico sustentador tanto de la sociedad como de la Iglesia; se aportan datos sociológicos, dignos de tenerse en cuenta, en referencia a la familia y al enfoque y tratamiento que la institución familiar está recibiendo en estos tiempos, indicando con voz clara, valiente y profética que “la institución matrimonial está sufriendo un proceso de cambio y transformación constante, que la lleva hacia una profunda crisis de valores”. Es de importancia vital que los cristianos y católicos abulenses leamos, releamos y rumiemos cordialmente el último párrafo de la pastoral, pues, es una llamada paternal que nos orienta en el momento actual y nos invita a reforzar los pilares familiares para las futuras generaciones.

Román Encabo


'LA FAMILIA, SAL Y LUZ DEL MUNDO'


Una vez más, la familia y su situación en nuestro país está en boca de todos. Las distintas noticias que se van sucediendo en torno a diversas cuestiones que la afectan sobremanera nos llevan a remarcar su importancia como pilar básico que sustenta la sociedad y la Iglesia.
Es innegable el papel de la familia para el desarrollo fundamental de la persona y su maduración espiritual y social. El niño crece en familia y va aprendiendo unos valores, unos principios morales que le servirán para construir el germen de las nuevas generaciones.

La institución familiar ha pasado por varios estadios a lo largo de la historia, evolucionando con ésta misma. La relación entre ambas es tan estrecha que, cada vez que se ha producido un gran cambio social e histórico, éste ha repercutido sobre la familia, y viceversa. En época de los romanos, la familia era el centro de las relaciones domésticas, incluyendo en ellas a los esclavos y personas a cargo del patriarca. En la Edad Media empieza a variar la estructura familiar, en gran parte porque se asume la visión cristiana sobre el matrimonio. Entrados en el siglo XI, se remodelan las ideas sobre familia, matrimonio y sexualidad, debido al desarrollo de las universidades y la consiguiente renovación de saberes filosóficos y teológicos. Y así hasta llegar a la actualidad, donde se empieza a hablar de una sociedad postmatrimonial, donde el divorcio se concede con facilidad extrema, las relaciones extramatrimoniales se aceptan socialmente, y se controlan artificialmente la natalidad y el aborto, apoyándolos legalmente.

Los datos que nos aportan numerosos estudios sociales son, verdaderamente, preocupantes. La natalidad ha descendido en un 27 % en los últimos veinte años. Esto hace que nuestro país sea el que tiene la tasa de fecundidad más baja de la Unión Europea. Y estas cifras siguen bajando, en parte porque aumenta el frecuente uso de métodos anticonceptivos, que se apoyan en razones pedagógicas o sanitarias. Además, cada 7 minutos se produce un aborto en nuestro país, y es que en veinte años se ha impedido el nacimiento a más de 750 mil personas. En cuanto al hecho de consolidar una familia, sabemos que unas 200 mil personas se casan cada año, pero que también se rompe un matrimonio cada cuatro minutos.

Por otra parte, la institución matrimonial está sufriendo un proceso de cambio y transformación constante, que la lleva hacia una profunda crisis de valores. El matrimonio ha llegado a ser considerado como un mero consenso. La sexualidad adquiere un nuevo sentido, ya que prima la tendencia a separarla del matrimonio y la familia. Surgen nuevos modelos de "familia": familia no conyugal, familia monoparental, familias multiparentales (con hijos de matrimonios anteriores, donde tienen un peso fuerte los divorcios y separaciones), otras uniones al margen de la pareja, uniones entre personas del mismo sexo. Y cada vez toma más fuerza la posibilidad de formar una familia mediante la adopción o técnicas artificiales tales como la reproducción asistida. En definitiva, la institución familiar se encuentra amenazada frontalmente y cuestionada socialmente. Porque, dados estos condicionantes, ¿a qué podemos llamar verdaderamente "familia", si nos encontramos ante una situación de indefinición?

La gravedad y número de estos problemas está a la vista de todos. Nos encontramos en un momento histórico nuevo en nuestra sociedad, que debemos afrontar con serenidad y rectitud. Frente a todos los nuevos "modelos" de familia alternativos, la Iglesia invita a las familias cristianas a ser signo y testigo vivo del Evangelio del Matrimonio y la Familia, a ser creadores de la cultura familiar del amor y de la vida, fundamentada en Cristo, apoyada por la participación en la Iglesia y abierta al horizonte del mundo. Siguiendo la Palabra de Jesús, las familias cristianas "estáis llamadas a ser la sal y la luz"; ésta será la base de una nueva civilización del amor.

En estos momentos tan decisivos, en que está en juego el verdadero respeto de toda vida humana entendida en su plenitud, contamos con el verdadero testimonio de muchas familias que viven el proyecto de Dios hecho amor y lo hacen creíble. "El matrimonio no debe ser entendido como una realidad meramente privada. Su vida común es el fundamento de una nueva realidad social". (Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España). En nuestra mano está el dar a conocer a todo el mundo las bondades de la vida en familia como lugar de perfección del hombre. Es nuestra misión como cristianos.

Y esto es así debido a que la familia es considerada como esencial y connatural al ser humano, a la vez que posee unas funciones muy significativas y determinantes para las sociedades y las personas: procreación y crianza de los hijos, funciones económicas, culturales, políticas, religiosas, educativas, sanitarias, protección de ancianos, niños y enfermos. "En la familia -cuna y custodia de la vida- el ser humano, hombre y mujer, nace y crece como persona, como hijo, como hermano, gracias al modelo de los padres. La familia educa a la persona hacia su maduración y edifica la sociedad hacia su desarrollo progresivo. Como célula del organismo social la familia sana es el fundamento de una sociedad libre y justa. En cambio, la familia enferma descompone el tejido humano de la sociedad. ("La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad". Instrucción Pastoral de la CEE. Abril, 2001).

En verdad, debemos poner todo nuestro acento en los aspectos positivos que tenemos en la familia. El pasado miércoles, en su audiencia general, el Santo Padre, Benedicto XVI, nos decía precisamente esto. "Vemos más fácilmente los aspectos negativos de la vida. Pero es necesario ver también los positivos, las cosas buenas que nos ocurren y encontrar así el sentimiento de la gratitud, ya que sólo un corazón grato puede celebrar dignamente la liturgia de la gratitud que es la Eucaristía". Y es que, en el ámbito específicamente familiar, hemos de constatar muchos elementos que han contribuido al progreso de la sociedad: el mayor reconocimiento de la igualdad de hombre y mujer, la mayor libertad en las relaciones y en la elección del matrimonio, el hecho de que los hijos sean recibidos más conscientemente, etc.

La Iglesia conoce esta realidad con todos sus matices, en lo bueno y en lo malo. Y recuerda que, para potenciar estos elementos positivos y tratar de limar los defectos y dificultades, la familia ha de ser imagen y semejanza de Dios, que es todo amor. "La vocación al amor es lo que hace del ser humano la auténtica imagen de Dios. (...) De esta fundamental conexión entre Dios y el ser humano deriva otra: la conexión indisoluble entre espíritu y cuerpo", nos decía hace unos días el Santo Padre. Por ello, debemos trabajar por y para el amor, en orden a crear la civilización del amor. Ese es nuestro reto y la radical novedad de la propuesta cristiana. "La persona llega a la perfección, a la que ha sido destinado, en la medida en que ama. Cuando descubre que ha sido llamado por Dios al amor y hace de su vida una respuesta a este fin". (Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España).

Yo os propongo, queridos abulenses, que viváis el amor, que crezcáis en el amor como base de vuestras familias. Que potenciéis el diálogo conyugal. Que tengáis una sincera apertura a la vida. Que sepáis discernir la voluntad de Dios. Que vuestros matrimonios se abran a un plan más grande que la propia unión: la familia. Es éste el modelo de familia que hemos recibido de las generaciones pasadas, desde que conocemos la historia de Avila. Transmitidlo a vuestros hijos, a las generaciones venideras como el mayor tesoro. Esta es nuestra tarea, nuestra aportación a la sociedad y a la Iglesia, que siguen sustentándose en nosotros, las familias. Cuidemos de su pervivencia y de su salud. Está en nuestras manos.

Jesús García Burillo es Obispo de Avila.
Escrito el Miércoles, 15 junio a las 00:00:00 (Fuente:Avilared.com)
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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