R.E.    rencabo@msc.es Fecha  21/09/2004 10:05 
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JESÚS GARCÍA BURILLO, OBISPO DE AVILA: “Nuevo curso, nuevas ilusiones”
Escrito el Martes, 21 septiembre a las 00:00:00

Queridos diocesanos:

Después de haber recuperado las fuerzas durante el verano, estamos frente a un nuevo curso: 2004 – 2005. ¿Nos da un poco de pereza?
Algo nuevo nos espera. El Espíritu nos lleva siempre a vivir una realidad nueva. Este curso, el Señor escribirá una página nueva en nuestra vida personal, en la vida de nuestra Diócesis.
La pregunta que nos hacemos ahora es qué objetivo nos marcamos en la Diócesis. La respuesta: vivir como una familia, una buena familia. Vamos a intentar, con nuestro esfuerzo y dedicación, renovar la comunidad cristiana, y dentro de ella cada uno de sus miembros, para que sea una familia en la que cada uno pone sus dones al servicio de la misión común, la evangelización, especialmente de los niños, jóvenes y las familias. “Ser una familia”, ¡qué gran propósito! Todos padres, madres y hermanos, a imagen y semejanza de la Familia de Nazaret, unidos por sus creencias y trabajando por ellas.
¿Y cómo vamos a conseguir este objetivo? Cuando hace unos meses presentábamos en Ávila el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España, ya apuntábamos que, para trabajar pastoralmente por una familia cristiana, nuestra labor debería pasar por parroquias, grupos, movimientos y la Diócesis en general. De esta manera, nuestro esfuerzo se va a centrar en un primer momento en la parroquia, que es la comunidad cristiana más cercana. Es éste el espacio básico de común unión, el lugar idóneo para desarrollar toda la acción pastoral, la educación o formación permanente de los cristianos (Cf DGC 69-72). Es allí donde se desarrollan las catequesis, las reuniones de matrimonios, los grupos de amigos, que pueden reflexionar sobre la impronta cristiana en nuestras vidas. Estamos entrando en un período de tiempo donde va a ser muy necesaria la formación, la educación en la Fe, debido a los grandes cambios que se avecinan, sobre todo en el campo de la ética, de la moral. Es ésta la gran tarea que pretendemos realizar y que, desde este ámbito parroquial, debe trasladarse a toda la familia. Para ello, intentaremos que funcionen los Consejos pastorales parroquiales, como propuso el Sínodo Diocesano. Éstos serán quienes, en última instancia, promuevan la encomiable labor de fomentar valores cristianos y la participación de familias y personas en general, su corresponsabilidad y unión en su ámbito parroquial. Un esfuerzo que se centra, sobre todo, en descubrir la vocación de los creyentes, incluidos los laicos, a la colaboración en la vida diocesana, a ser ellos mismos instrumentos de evangelización.
Además de la parroquia, existen otros ámbitos para vivir el espíritu de familia. Todo cristiano debe poner en común su trabajo. Las diversas reuniones de fieles, religiosos, sacerdotes, nos ayudarán a vivir en comunión con los demás, y también a evaluar nuestra labor, nuestros pequeños logros en el camino hacia nuestro objetivo final. De esta manera, todos los estamentos que forman la Diócesis (arciprestazgos, vicarías, secretariados, delegaciones,...) habremos de trabajar para desarrollar ese propósito, incidiendo en la evangelización tan necesaria de niños, jóvenes y familias enteras: necesitan la ayuda de todos los que nos sentimos implicados en este proyecto común llamado Iglesia Diocesana. Los agentes de pastoral deberán formarse teológicamente mediante iniciativas que, año tras año, se proponen en la Diócesis: cursos de la Extensión Cultural, actividades de las Delegaciones, el Instituto de Ciencias Religiosas de la UCAV, ...
Tal vez usted, que lee esta carta, puede decir: ¿y yo qué puedo hacer? La tarea es bella e importante. Anímese. Usted también es parte activa de esta gran familia. Siéntase un miembro de la misma. Participe en la misa del domingo, en las actividades, conviva con la gente de su parroquia, acérquese a conocer un grupo o movimiento eclesiástico, sea usted también instrumento evangelizador. Siga el ejemplo de Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Pedro Bautista, San Pedro de Alcántara, nuestros grandes santos: ellos también viajaron, ellos también extendieron la Palabra. Seguro que hay muchos niños que no la conocen, muchos jóvenes que están dispuestos a abrirse a ella, muchas familias que necesitan de su modelo para vivir unidas. Es nuestro deseo para este curso. Vivámoslo con intensidad.
Con afecto.

Jesús García Burillo es obispo de Ávila
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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