Román Encabo    rencabo@msc.es Fecha  22/03/2005 10:00 
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Volver al foro Responder SEMANA SANTA, POR EL OBISPO DE AVILA   Admin: Borrar 	mensaje
 
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Deseando que viváis unos días llenos de profundidad y reflexión en los acontecimientos trascendentales que celebramos, os transcribo la carta pastoral del Obispo al respecto.
Román Encabo
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Queridos amigos abulenses:

Deseo enviar mi más cordial saludo en estos días de Semana Santa de este año 2005. Una vez más, el pueblo cristiano se dispone a celebrar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Junto a las diversas celebraciones litúrgicas, nos disponemos a hacer pública nuestra manifestación de fe por las calles de la ciudad, mediante diversas procesiones y estaciones de penitencia.

Recordamos y celebramos los últimos momentos de la vida de Cristo, convertidos en compendio de la manifestación del Hijo de Dios y del mensaje de salvación por Él anunciado. Es un momento propicio para pararse a repensar sobre nuestra fe, y reflexionar sobre el misterio de la Redención, obrada por la entrega del Hijo de Dios en muerte expiatoria por todos nosotros. Las hondas inquietudes que la sociedad vive en estos momentos, y los graves momentos de incertidumbre, así nos lo aconsejan.

En la Semana Santa abulense podríamos distinguir dos campos de celebración. Por un lado, las celebraciones religiosas, con los diferentes Oficios en la Catedral, parroquias, conventos, monasterios de la ciudad. Y por otro, la religiosidad cultural popular que tienen las procesiones y otros actos de la calle como expresión más importante.

Desde el punto de vista religioso, hay quienes viven verdaderamente estos días inmersos en los misterios de la Muerte y Resurrección del Señor, participando primero en los actos religiosos y luego en las procesiones. Se puede hablar, por tanto, como dos momentos diferentes, aunque estrechamente relacionados entre sí.

En una ciudad llena de ruido, de gente, de coches, se dan también celebraciones silenciosas, ocultas, en estos lugares que hemos citado. Estas celebraciones cargan estos días la ciudad de una profunda espiritualidad, herencia de los místicos, de los santos que pasaron por nuestra ciudad. Actos silenciosos, profundamente vividos aprovechando la noche, la ciudad vacía, como el Vía Crucis de la madrugada del viernes, la procesión del Cristo de las Batallas en la madrugada del Jueves Santo, o la Vigilia Pascual en la intimidad de la Catedral.

Quizás observamos cada vez más la separación entre el sentido profundo de estos días (base para todo lo demás) y la afluencia masiva para ver las procesiones. Sabemos que existe en estos momentos una Comisión en el Congreso que estudia un estatuto sobre laicidad. Se amenaza con la desaparición de los actos religiosos fuera de los templos, de las manifestaciones públicas de fe. Desconocemos cuáles serán las conclusiones de esta Comisión, pero ¿qué quedaría de la Semana Santa? ¿Dónde podríamos encontrar las bases para defender que las manifestaciones de fe son un derecho de los cristianos, o de los religiosos? Quizá en la unión entre la fe y la celebración, en el convencimiento de que lo que se muestra en la calle previamente se ha celebrado y tiene pleno sentido en la vida de los que participan en las procesiones.

En Ávila tenemos, por otra parte, un gran empeño para que esta celebración sea declarada de Interés Turístico Nacional. La gente trabaja durante estos días con verdadero ahínco para que todo salga bien, para que todo se muestre con el mayor esplendor posible. Desde la Junta de Semana Santa, desde cada cofradía y hermandad. El camino de una Semana Santa espléndida depende, en gran parte, de que sea una manifestación de fe.

Finalmente, en este año, hay como dos puntos de nuestra fe que habrían de polarizar nuestros sentimientos religiosos. Uno, el Sacramento de la Eucaristía, fuente y cima de la vida cristiana, porque en este año celebramos, siguiendo las orientaciones del Papa, el Año de la Eucaristía. Y el otro, la declaración que la Conferencia Episcopal ha hecho este año como Año de la Inmaculada, conmemorando los 150 años de la proclamación solemne de su dogma. Durante la primera Semana Santa, el Señor instituyó la Eucaristía el Jueves Santo; ese día será un día muy especial. Y después, junto a la adoración a Cristo, presente en la Eucaristía, encontraremos también a su Madre Inmaculada desde el momento de la concepción. La veremos estos días junto a su Hijo, unida físicamente a Él, interiormente por la participación en el plan de Dios. Y, sobre todo, en el Sábado Santo, en el que la contemplaremos, nos acercaremos a ella en su soledad, en espera de la Resurrección.

Queridos abulenses, os invito a que nuestra piedad hacia Cristo y María en los días de Pasión y Resurrección provoquen en nosotros una renovación de la fe que mantenga vivas las raíces cristianas del pueblo de Ávila.

Con mi afecto para todos.

Jesús García Burillo
Obispo de Ávila

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
 

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  • » SEMANA SANTA, POR EL OBISPO DE AVILA « - Román Encabo ® - 22/03/2005 10:00 


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