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Fecha  22/04/2013 18:21

Crónica
Mensaje

ASOCIACIÓN GADITANA JACOBEA
“VÍA AUGUSTA”



ACTIVIDAD CULTURAL POR LA SIERRA DE CÁDIZ
“DE GRAZALEMA A BENAOCAZ
POR LA CASA DEL DORNAJO”


Nueva actividad de la Asociación Gaditana Jacobea “Vía Augusta”. En esta ocasión, socios y simpatizantes de la misma hicieron una ruta “serrana” entre Grazalema y Benaocaz por la Casa del Dornajo, ubicada en pleno corazón de la Sierra del Endrinal, entre los tres pueblos más altos de la provincia: Grazalema, Villaluenga y Benaocaz.

El sábado 20 de abril fue el día elegido, con presencia de fuerte levante a primeras horas de la mañana, que iba disminuyendo en intensidad a medida que nos acercábamos a la Sierra y abandonábamos la Bahía.

Dada la buena acogida que tuvo la actividad, la participación fue de 29 personas, por lo que la Directiva estimó más conveniente, por la logística de vehículos y por coincidir el día con los entrenamientos de la “Subida automovilística Ubrique-Benaocaz”, alquilar un autobús de la empresa “Rico”.

Desde las siete de la mañana, el vehículo fue recogiendo a los participantes en Cádiz, San Fernando y El Portal. Durante el trayecto, el presidente, Luis Taboada, dio la bienvenida a los excursionistas así como algunas instrucciones sobre la jornada. A continuación cedió el micrófono del bus al socio y secretario, y autor de esta crónica, quien hizo una breve introducción geográfica al recorrido que se iba a realizar.

A las ocho y media de la mañana se realizó una parada en la “Venta Julián” (El Bosque) para el obligado desayuno y saludos varios. Corrieron las tostadas y molletes de buen pan bosqueño con las mantecas propias (poco lights) y aceites serranos.

Continuamos, en manos de un experto y seguro chófer, ascendiendo la carretera entre El Bosque y Grazalema por Benamahoma. De nuevo, el que les escribe, tomó la palabra dando detalles de la flora del macizo, toponimia e hidronimia, cuencas fluviales, alturas, etc., tratando de que se tuviese una idea global del recorrido que se iba a emprender.

Tal como estaba previsto por la organización, a las diez de la mañana el autobús alcanzaba el punto de comienzo de la ruta: el Puerto del Boyar (1.103 m). Tras unas indicaciones del Presidente para tratar de caminar unidos y no tener problemas de posibles “despistes”, hubo foto de familia y se comenzó a andar.

Esta ruta parte de la zona de aparcamiento que hay para acceder al Salto del Cabrero, sólo que en vez de esa angarilla, se toma la que está a la izquierda del merendero de ICONA, la cual se interna en la Sierra del Endrinal dirección SE, por una vereda ascendente que parece una escalera de piedra.

La primera parada se hizo tras un ligero repecho, para dar aliento a los más necesitados. Se aprovechó para explicar las vistas de la Sierra del Pinar, tras la que se “esconde” El Pinsapar, pero sobre todo el lugar donde está la fuente primera del Guadalete, en el que surgen las primeras arroyadas que van a formar el río más famoso e importante de nuestra provincia, y el más largo, que va a morir en El Puerto de Santa María.

Continuamos otra pequeña subida hasta alcanzar el “lapiaz” donde se encuentra el Puerto de Las Presillas (1.257 m). Aquí se bifurcan los caminos: a Grazalema (izquierda) o a la Casa del Dornajo (sur, pero sin indicar en la señalética que allí existe). Ya desde aquí se ven las cumbres occidentales de la Sierra del Endrinal: el Tajo “Daleao” (toponimia local) y el Navazuelo. Asimismo, vemos cómo una pareja de montañeros sube los riscos de la arista del Peñón Grande, el cual se asoma volado sobre Grazalema pueblo.

Se baja en dirección a la cerca de piedra que divide dos fincas y se atraviesa su angarilla, por un camino ligeramente descendente y sembrado de flores. Aquí Jane entonó melodías de temas clásicos y “voló” por los campos…

Se sigue ascendiendo el último de los repechos entre enormes encinas centenarias, algunas de las cuales han caído por la fuerza del tiempo y del viento, siendo visible cómo sus raíces arrastran consigo la roca caliza de la montaña.

La serpiente de caminantes avanza con tranquilidad y sosiego por pequeñas praderas de nuevos verdes tras las intensísimas lluvias de finales del invierno y del pasado mes de marzo. Hacia el sur son visibles las sierras del parque Los Alcornocales, aunque sus cumbres están cubiertas por las “barbas del levante”, que debe estar soplando furioso por el estrecho. En cambio, donde nosotros nos encontramos una suave brisa alivia el caminar.

A las doce de la mañana (tras dos horas de marcha desde El Boyar) el grupo alcanza las ruinas de lo que fue Casa del Dornajo, en un prado bellísimo, con vacada pastando. Estamos a unos 1.200 m de altitud y aquí nacen los arroyos que van a formar el Arroyo de las Piletas. Un lugar bucólico e idílico donde se hizo un descanso para refrescarse, tomar algo de comer, y disfrutar del paisaje. Es el momento de la charla y de los comentarios, de las relaciones e interacciones grupales.

Un chozo reconstruido junto a lo que fue el caserón puede aún servir de cobijo para montañeros necesitados en noches de lluvia o frío. Lugar ideal para pernoctar una noche de verano “al sereno”.

Continuamos en dirección al “pilón” de piedra, formado por tres pilas independientes excavadas cada una a partir de roca caliza, intercomunicadas entre sí, del que brota un abundante caño de agua fresca bebible. Un verdadero monumento “etnográfico” que recuerda la vida de estos lugares hace tan sólo unos cincuenta años. La vereda se estrecha en un paso algo aéreo, sirviendo las indicaciones de marcas azules en las piedras para no extraviarse, aunque el camino es claro (“claro” para los que lo conocen y se orientan en estas sierras, pues suele ser normal leer noticias de excursionistas perdidos en ella en días de nieblas bajas).

Se llega a una primera angarilla, en la que un viejo somier herrumbroso ha servido de portilla. Entramos en la finca “Mítano”. Ya estamos descendiendo flanqueados a la izquierda por El Navazuelo y la Sierra del Caíllo, tras la que está La Manga de Villaluenga.

Algún que otro buitre leonado nos sobrevuela buscando si somos “carroña” para su almuerzo. No será esta vez, “Mackei”. Un rebaño de cabras payoyas ramonea entre los verdes espinos sin que le afecten sus púas. De sus ubres mana la leche de la que se producen los ricos quesos que da esta Serranía.

Franqueamos varias angarillas y el descenso se hace más pronunciado ya. Estamos accediendo a la zona por la que discurren los arroyos del Pajaruco y del Señorito, que vienen de nuestra izquierda, de las faldas de la Sierra del Caíllo, y van a verter ambos al Tavizna, para embalsarse finalmente en Los Hurones. Nuevas angarillas tipo “somier mojoso” y ya se ven las primeras casas de Benaocaz con la ermita de San Antón a la izquierda sobre un cerrito. Los gamones o varas de San José florecen ya, aunque no se ven aún sus “garbanzos”.

La última angarilla es metálica, junto a otra verde que está bien cerrada. Ahora podemos contemplar los típicos “majanos”, amontonamientos de piedra caliza para desembarazar el terreno para el ganado. Asimismo, piaras de “guarros ibéricos”, otro manjar. Un álamo junto a la “Fuente del Tejar” (ubicada en la ruta de las fuentes) nos señala el lugar donde almorzar.

Son las dos de la tarde. Ya casi hemos finalizado la excursión. Un potente caño de agua pura y triunfal emerge de esta fontana tras haber recorrido las entrañas de la Sierra. El panel informativo indica que, según los viejos del lugar, “la pila de piedra es un antiguo sarcófago romano”. Es una fuente que sirvió como abrevadero y lavadero, y que hoy alivia la sed del caminante.

Es el momento de degustar las viandas del macuto: queso, tortillas, chacinas varias, y de regarlas con un suave rioja alavés gentileza del amigo Juan Carlos Navarro; de la charla y de los cigarritos al sol, pero “en corriente” de levante suave y fresquito.

A partir de aquí el descenso es por una calzada empedrada con trazas de haber sido camino antiguo, muy parecido a la romana que sube de Ubrique.

Cuando son algo menos de las tres de la tarde estamos entrando por la calle más alta de Benaocaz, por su “Barrio nazarí”, donde hay aún restos de construcciones de la zona más histórica de la población, aunque en “reconstrucción” permanente (la crisis afecta a la recuperación del patrimonio). Esta población está una altitud de 793 m, por lo que hemos descendido unos 300 m desde el Puerto del Boyar.

El grupo “toma” la Plaza de las Libertades, se esperría por mesas y terrazas, y disfruta de un bien merecido descanso, holgando ante “cafeses”, cervezas, infusiones y algún que otro “cacharrito”. No pudimos degustar el típico postre local “huevo nevado”. Parece ser que el suministro al pueblo se ha resentido con la “fiesta automovilística”, en tono de lamento nos dijo la dependienta del “Bar La Plaza”. En efecto, el pueblo estaba completamente vacío a estas horas del día en un sábado primaveral. El sol inunda la plaza. Buen ambiente y peticiones de que este tipo de actividades por nuestra Sierra se repitan con más frecuencia.

A las cuatro de la tarde, puntuales tanto el grupo como nuestro chófer, nos recoge el autobús, ante un “dispositivo” de la Guardia Civil con motivo de la competición automovilística ya indicada.

Regresamos al Puerto del Boyar, pues no es posible bajar a Ubrique para continuar hacia El Bosque por el evento. Nos viene bien para reconocer el paisaje. Toma de nuevo el micro el autor de esta crónica e informa sobre aspectos de La Manga de Villaluenga, la demografía de los pueblos, altitudes, refranes y datos históricos de estas poblaciones cuyos nombres recuerdan su pasado nazarí.

El recorrido en bus continuó por el Puerto de los Alamillos (822 m), descenso a Grazalema (enfrente los picos del Peñón Grande y al fondo el San Cristóbal), se atravesó su plaza del Ayuntamiento, tuvimos una soberbia vista de su caserío al recorrer la carretera por la parte alta de la población y se enfiló la subida hacia el Puerto del Boyar, donde completamos el “circular” que ha sido esta magnífica excursión.

Llegados a este punto, el Presidente agradeció a todos su participación y anunció la siguiente actividad de campo: fijar la ruta de salida de Tahivilla, recientemente inspeccionada por nuestra Asociación, y asistir a la romería de San Isidro Labrador, el patrón de dicha población, que se celebrará el domingo 19 de mayo, para cumplimentar la amable invitación que su alcalde, D. Diego España, hizo a nuestra Asociación. Se trataría de una actividad doble: trabajo de campo más disfrute como “romeros”, otra forma de peregrinación, no lo olvidemos.

Desde las seis de la tarde el autobús fue dejando a los participantes en orden inverso: El Portal (Venta El Pollo), San Fernando (Venta de Vargas) y, finalmente, Cádiz.

En fin, una inolvidable jornada de campo, de disfrute total de nuestra rica Serranía en un día primaveral que nos ha ofrecido toda la gama de colores verdes posibles. Lástima que no tengamos palabras para diferenciar sus riquísimas tonalidades y todas entre en el “cajón de sastre” del color de la esperanza.


Manuel Barea Patrón
Abril 2013

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               





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